Posteado por: mariana50 | septiembre 23, 2010

Los hermanos Fanjul de la familia: Fanjul-Gómez Mena

Los hermanos Fanjul

 

Tuesday, 21 September 2010 19:22 Varela

Por Varela

Hace años, entrevistados por la revista Vanity Fair, los hermanos Fanjul, grandes negociadores, aprovecharon para justificar la forma en que compran los gobiernos.

Aseguraron que llegaron a Estados Unidos con una lección bien aprendida: “Decidimos involucrarnos en la política porque no quisimos que nos ocurriera lo que en Cuba donde al no interferir en la política de Batista nos fue muy mal”.

Y los hermanos Fanjul saben negociar.

Apoyan con ríos de dinero a los principales candidatos de los dos partidos norteamericanos: Alfonso a los demócratas y Pepe a los republicanos.

Entonces los hermanos Fanjul hacen y deshacen contra la flora, la fauna y los seres humanos en la Florida.

Destruyen los pantanos de los Everglades porque expanden los cañaverales hacia allá y el fertilizante que le echan a las plantaciones consume el oxígeno del agua matando la vida acuática de los mismos.

Los conservadores de la naturaleza protestan pero las autoridades obvian este crimen porque los hermanos Fanjul — los reyes cañeros floridanos, y proveedores de dos de cada tres cucharadas de azúcar que consume el norteamericano — con sus contribuciones millonarias a Washington compran la ley y la imponen a su antojo, incluyendo la manera de explotar a sus empleados.

Acabo de leer en la prensa uno de sus últimos abusos: la vejación y humillación a Ángel Pérez, un cubanoamericano que por 15 años trabajó en un ingenio azucarero de los hermanos Fanjul; considerado un empleado modelo hasta que salió electo como representante sindical y empezó a presentar quejas sobre las condiciones de trabajo de los empleados. Lo expulsaron del central con un sheriff presente, obligado a quedarse sin vehículo a 50 millas de su hogar, ya que iba a su trabajo en un carro de la empresa.

Pero el desmadre de los hermanos Fanjul no se limita a Estados Unidos sino también a República Dominicana donde a mediados de los ochenta compraron cañaverales y centrales porque según ellos era “el lugar más parecido a su añorada Cuba”.

Y allí en esa isla tan igualita a la anhelada isla de los Fanjul, Christian Pablo, de 71 años — la mitad de ellos cortando caña para los hermanos Fanjul — está inmovilizado en su cama en el batey del Central Romana, sin atención médica.

Christian tuvo una trombosis que le paralizó medio cuerpo. Sabe que nació en Haití de donde le trajeron para una zafra y nunca más volvió. Es analfabeto tanto en creole como en español. Firmaba con una X la planilla que el central le entregaba para registrar la caña cortada y el sueldo por cada tonelada. Siempre se conformó con lo que le daban. Nunca protestó. Sus amos eran tan poderosos que eran los dueños hasta de las piedras de los caminos.

Ojo aquí: los hermanos Fanjul registran sus propiedades, sus ganancias, sus donaciones y sus negocios pero no registran a los emigrantes que ellos importan para cortar caña y hoy Christian no cobra pensión. Vive de la caridad de sus vecinos del batey, macheteros como él.

El pago a los macheteros es a destajo. Una media de 90 pesos — $2.46 — por cada tonelada de caña cortada. Un buen machetero, joven, fuerte y sano puede cortar hasta cuatro toneladas diarias ($9.84 al día). Pero de eso, todavía sufren descuentos.

A los macheteros se les descuenta por un “seguro médico” que no tienen. Por agua que no reciben en el cañaveral. Por luz que no tienen en sus barracas. Por el machete, las botas y los guantes. Hasta le descuentan el consumo de azúcar, cortando caña de sol a sol.

Y sin papeles ni contratos. Los emigrantes macheteros jamaiquinos y haitianos no firman nada. Su único sistema de supervivencia es aguantar y no tener un accidente: no llevarse un dedo ni el tendón de una mano. Porque si no trabajan no comen.

Claro, como son buenos negociantes, los hermanos Fanjul, para elevar el nivel de producción en sus cañaverales usan esos emigrantes tanto en República Dominicana como la Florida.

Pero en la Florida algo les salió mal cuando trajeron a miles de jamaiquinos (de manera solapada) para trabajar en esas condiciones inhumanas.

Publicaciones alternativas locales como NewTimes acusaron a la empresa de los Fanjul, Florida Crystals, y denunciaron “la esclavitud de los barones del azúcar en la Florida”.

Y se armó escándalo cuando, en noviembre de 1986, medio millar de jamaiquinos de un asentamiento conocido como Vietnam hicieron una huelga para protestar por los maltratos.

Los hermanos Fanjul llamaron a la policía y agentes especiales metieron a los jamaiquinos a punta de fusil en autobuses y los deportaron.

Este incidente incitó a sindicatos, abogados laborales y organizaciones de derechos humanos, y fue convertido en guión cinematográfico por la actriz Jodie Foster, que vendió los derechos a la productora de Robert De Niro, Tribeca Films.

La propia Foster dirigió la película y la protagonizó como la abogada defensora de los jamaiquinos — que en la realidad los defendió el abogado Edward Tuddenham — mientras que De Niro interpretó el papel de Alfonso Fanjul.

El título de la película fue Sugarland, distribuída por los estudios Universal. Pero el billete y la influencia de los hermanos Fanjul evitó que el filme se proyectase (presionaron o pagaron a las cadenas de teatros) y la película se engavetó en el 2007.

Es decir, una película sobre un drama social real, con dos estrellas del cine mundial (Foster y De Niro) ganadores de Oscars, no fue exhibida en este país porque los hermanos Fanjul, que supuestamente se fueron de Cuba por la falta de libertad, no lo permitieron.

Por otra parte el gobierno de Bush el Ñame le devolvió a los hermanos Fanjul los favores financieros que éstos le hicieron durante su campaña del 2000 en la Florida y en el 2002 confirmó la continuidad de las subvenciones que reciben como “cultivadores de azúcar norteamericanos” con el objetivo de ahogar económicamente las exportaciones cubanas (y un intento de eliminar esa subvención en el Congreso en 1996 terminó con los congresistas que votaron a favor recibiendo $11,000 de donaciones de la industria azucarera doméstica).

Los Fanjul reciben del gobierno norteamericano 65 millones de dólares al año. Y en República Dominicana son jerarcas. Un pastor que se les encaró por los abusos en los cañaverales, el misionero español Cristopher Hartley Sartorius, fue expulsado del país, quitado su pasaporte y devuelto a España.

Hoy controlan el 50% de la producción de azúcar en la Florida donde poseen 728 kilómetros cuadrados de cañaverales a nombre de la empresa Florida Crystals. Su patrimonio supera el billón de dólares.

Los Fanjul también fueron inversionistas y miembros de la junta de directores del Southeast Bank de Miami hasta que fue liquidado en 1991 por el FDIC. Y en 1995 cerraron la firma FAIC Securities mientras estaba siendo investigada por la agencia federal S.E.C. por violación de regulaciones.

Criados dentro de la exclusiva aristocracia de La Habana, Alfonso y Pepe Fanjul vivían en una mansión de dos pisos en el Vedado en la calle 17 entre D y E, con balcones neoclásicos, habitaciones estilo Luis XV, estatuas de Sèvres, kioskos chinos, cuadros de Sorolla, Goya, Murillo, Caravaggio, Boucher y Lebrun que hoy es el Museo Nacional de Artes Decorativas tras su expropiación por la revolución cubana.

En la década dorada de los años 50, la familia Fanjul-Gómez Mena daba fiestas a los duques de Windsor, jugaba golf con Loel Guinness y paseaba a Errol Flynn en su yate.

Mientras, en los cañaverales cubanos se sufría lo mismo que se sufre ahora en la Florida y República Dominicana: desalojo, explotación, abuso, analfabetismo, falta de atención médica.

Los hermanos Fanjul estaban ajenos a ese infierno en su mundo de glamour caribeño hasta que llegó Fidel…

En 1959 entraron unos barbudos vestidos de verde a la mansión de los hermanos Fanjul, que por entonces Alfono tenía 23 años y se acababa de graduar de la Universidad de Fordham, Nueva York. Su hermano Pepe tenía 14.

Los castristas sentaron a una mesa a la familia completica, pusieron las armas debajo y extendieron sobre la mesa los mapas con las propiedades de la familia: cañaverales, centrales, bateyes, mansiones, un puerto. Y les dijeron: “Desde hoy, todo esto es del pueblo… ¡Todo!”.

No hubo nada que negociar.

 

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En los Estados Unidos los Fanjul aprendieron a jugar el juego de las corporaciones y a beneficiarse y enriquecerse con los subsidios del estado, lo que expresan en forma hipócritamente cándida: “Nosotros nos consideramos la historia americana clásica de triunfo,” dice Alfy Fanjul. “Llegamos aqui y trabajamos muy muy duro”. Decidieron cambiar de estrategia, dicen, desde que se establecieron en los Estados Unidos: “Una de las razones por la que estamos involucrados en la política en Estados Unidos es porque no queremos que nos pase lo que nos pasó en Cuba.” En realidad desde su llegada a los Estados Unidos los Fanjul apoyaron a Mas Canosa, el más notorio lider gusano en la Florida. Las relaciones de los Fanjul con los demócratas se entorpecieron desde que estos decidieron devolver a Elián González a su padre en Cuba. Se cree que los Fanjul financiaron los costos legales de los procedimientos para que el niño permaneciera en los Estados Unidos contrario al mandato de la ley internacional.

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La actriz y directora Jodie Foster se encuentra inmersa en la pre-producción de su película Sugarland, una historia inspirada en el imperio azucarero de un magnate cubano con el trasfondo de la explotación de trabajadores antillanos en las plantaciones de caña de azúcar. Según anunció la propia cineasta norteamericana, la cinta estará protagonizada por Robert De Niro en el papel del terrateniente caribeño y por ella misma, que hará de experta abogada en derechos civiles, a la sazón representante de los explotados jornaleros. Foster y De Niro volverán a coincidir en un filme por primera vez desde Taxi driver, mítica película de mediados de los años 70 en que compartieron papeles.
La historia está inspirada en un hecho real : los abusos laborales que cometió la empresa Florida Crystals, propiedad de la familia Fanjul Gómez Mena, en los cañaverales antillanos antes de que se mecanizara la recolecta de la caña de azúcar. Ese imperio, que hoy sirve en Estados Unidos dos de cada tres cucharadas de azúcar, está gestionado desde Miami pero tiene el corazón industrial en el norte de la República Dominicana, en un gigantesco ingenio azucarero llamado Central Romana -donde han llegado a estar empleados hasta 20.000 haitianos-, y tiene su origen en un pequeño pueblo del burgalés Valle de Mena llamado Cadagua, como el río que baña esta fértil comarca, y en la época de las grandes migraciones de españoles a la isla de Cuba de finales del siglo XIX.

más…

 

El padre Hartley, sobrino del fundador del Partido Comunista Nicolás Sartorius, vivió ocho años entre estos cañaverales denunciando el abandono de sus moradores. Gracias a él, el mundo supo que en la isla caribeña se explota a los trabajadores de la misma forma que se hacía en los cinco siglos anteriores, cuando Colón, en su segundo viaje, llevó las primeras matas de cañas desde Canarias.

Él trajo a los congresistas norteamericanos -por algo estuvo trabajando como misionero en el Bronx neoyorquino-, a los embajadores de EEUU y España, al propio presidente del país, Leonel Fernández, al que se atrevió a decirle que se disponía a entrar «en la antesala del infierno». Sus días quedaron contados cuando empezó a utilizar a la prensa extranjera -sobre todo la publicación hace cuatro años, de un reportaje en CRONICA – para atacar a las dos principales familias azucareras de la isla: los Fanjul y los Vicini. De hecho, el año pasado fue «invitado» a abandonar el país y ahora vive temporalmente en España.

«Este es el día a día en los bateyes: centenares de braceros ancianos, que trabajaron cortando caña durante décadas para CR, que supuestamente cotizaba para su retiro, hoy, por falta de documentación y de una política institucional que canalice sus pensiones, viven de la caridad o porque el ingenio no pagó por él», asegura Hartley.

Al padre Hartley le dolieron especialmente las declaraciones de Alfy Fanjul a la revista Hola -abril de 2006- donde el dueño de Central Romana aseguraba: «Quiero que la gente que trabaja conmigo esté a gusto y que gane dinero. Y que digan: “¡Con Fanjul he ganado plata!”. Hoy me siento responsable del sustento de las 30.000 personas que trabajan en nuestras empresas». O aquellas, en Vanity Fair, donde decía no tener problemas de conciencia por las condiciones en las que trabajan los cortadores de caña «porque doy una oportunidad a esa gente para vivir mejor que en sus países de origen».

O la respuesta del portavoz de Central Romana al cuestionario de CRONICA en la que afirma que: «Tenemos unidades médicas móviles que visitan todas nuestras comunidades ofreciendo atención médica gratis. Mantenemos una constante preocupación por la superación de la calidad de vida de nuestros trabajadores. Por algo, el Central Romana fue reconocido por la XII Cumbre Iberoamericana como una gerencia modelo que ha hecho grandes contribuciones al desarrollo económico y social de la R. Dominicana…».

Hartley se encoge de hombros. «Pues si esto es un modelo, cómo será el infierno…», asegura mientras contempla las miles de fotos de los bateyes que guarda en su ordenador donde hay de todo menos «calidad de vida». Aprovecha para rescatar un estudio realizado por el Centro Dominicano de Asesoría e Investigaciones, CDAI, donde se asegura que el 32% de estas comunidades no tiene agua potable; el 66% no cuenta ni siquiera con letrinas; el 16% no recibe ninguna asistencia médica y la tercera parte no ofrece escuela.

El trabajo es a destajo. CR paga a los picadores 95 pesos -poco más de dos euros- por cada tonelada de caña cortada. En el mejor de los casos, un hombre joven y sano puede cortar cuatro diarias. Y de lo que reciben todavía sufren descuentos.

«Por el seguro de un médico que no tienen. Por la luz y el agua que no les dan. Por el machete, las botas y los guantes que tienen que comprar en los colmados de la empresa. Por el azúcar que tienen que pagar tras 10 horas cortando caña. Y sin papeles ni contratos. Esta gente no firma nada. Su único sistema de supervivencia es aguantar y no tener un accidente. Porque si no trabajan no comen», asegura Noemí Méndez, abogada de CDAI.

Si la situación de los viejos es agónica, la de los niños de los bateyes dominicanos no es mucho mejor. El problema de la falta de identidad también se ceba en ellos. «La R. Dominicana no otorga la nacionalidad a los hijos de los haitianos nacidos en su territorio, en contra de lo establecido por la Constitución del país y un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos», afirma Sonia Pierre, militante pro Derechos Humanos, galardonada con el premio Robert Kennedy.

más…

 

http://www.ecured.cu/index.php/Gomez_Mena

 

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Responses

  1. Deseo conocer el correo del señor Pepe Fanjul, para dar los agradecimientos por los trabajos y colaboración que le ha dado a muchas personas en Florida. gracias

  2. Dan deseos de vomitar…. Que horror! que engañados hemos vivido. La verdad asusta……menos mal que ya me queda poco por ver. Que infamia!!


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