Posteado por: mariana50 | diciembre 13, 2011

Argelia Fragoso y su Taller de canto popular (+ Video)

Diciembre comenzó con el aviso de que Argelia Fragoso presentaría en la Sala del Museo de Bellas Artes una muestra de los resultados obtenidos en la primera etapa de esa experiencia de trabajo con estudiantes de música, que ella define como Taller de canto popular. Cualquiera podía pensar que la jornada sería, estrictamente, una agradable manera de aprovechar la tarde del domingo. Claro que, guiados por la maestría de una de nuestras voces más altas, todo tendría que sonar bonito, pasaríamos el buen rato flotando en un mar de canciones que han resistido la prueba del tiempo. En realidad, la tarde del domingo 4 de diciembre nos reservaba algo  más allá de esos presupuestos (nada descabellados, por cierto). Así, durante un buen rato estuvimos viendo hacerse y deshacerse la madeja de esa ecuación dotada de dos factores inseparables –letra y música- en un afán clarísimo, de parte de los intérpretes, por descubrir y hacer visibles las claves de una significativa muestra de nuestro cancionero.

Durante ese rato  no hubo espacio para desviar la atención, perder un gesto o un detalle, y vimos desfilar, enfrentándose a un repertorio vocal más que probado, a jóvenes instrumentistas que, hasta ahora, se habían acercado a la música desde un violín, un saxofón o una flauta y, así, el montón de piezas breves nacidas desde los corazones de un trovador como Manuel Corona, un genio de la talla de Ignacio Villa, un poderío espiritual como el de Adolfo Guzmán -por citar unos pocos ejemplos- ponían en claro sus valores ante la más exigente mirada. Pero algo muy especial primó a lo largo de la ejemplar muestra concertante y fue el cuidadoso trabajo del grupo que secundó a los vocalistas. Estudiantes también de piano, contrabajo, guitarra y -como detalle especial, en la percusión cubana un joven que se desdobló en un momento dado para mostrarse como violoncellista; trabajo de conjunto que, en pocas oportunidades, se nos ofrece tan completo en el transcurso de un programa, mucho más tratándose de una muestra tan variada.

El espléndido cancionero que -puedo asegurarlo desde dentro sin que me asalte una pizca de pudor-hemos sido capaces de hacer crecer a lo largo de tantas generaciones, vibró en el rango sonoro de una voz desde la mirada de un instrumentista y era música lo que sonaba y yo, inevitablemente, me remonté a aquella moda tropicalísima de finales de los sesenta y hasta buena parte de los setenta del siglo pasado (se dice fácil) cuando se daban tropezones en torno al monotema  de “lo culto y lo popular”. La expresión más elocuente de que corren otros aires, la teníamos, esa tarde, en la artista que reconocemos como inspiradora de esta experiencia, quien nos regaló ella misma, a voz y piano, algunas muestras de lo que podría ser, por cierto, un disco muy suyo que -ojalá-se anime a regalarnos más temprano que tarde.

No podía faltar en la paleta el matiz del canto coral; de hecho, uno de los puntos que más ilusionan a Argelia Fragoso en su aporte a la vitalidad que se respira en el  Conservatorio Amadeo Roldán, tiene su más elocuente expresión en el octeto vocal que ya, en el mes de agosto pasado, había nacido a la vida bajo su dirección y -hay que destacarlo-con un repertorio de arreglos creados por ella misma. En tres momentos del programa, pudimos apreciar este trabajo que -ojalá-crezca,  se mantenga y se haga escuchar con más intensidad y frecuencia. Es bueno destacar, además, la excelente factura de estos arreglos y el resultado interpretativo en un repertorio que aborda las armonías características de la canción de feeling. Vale la pena resaltar el detalle de que, en los momentos corales del concierto, los instrumentistas que tuvieron a su cargo el excelente (no me canso de recalcarlo) trabajo acompañante, se incorporaron al grupo en calidad de cantores. El cierre, un acierto total donde todos figuran, a la vez, como cantores incorporando sus respectivos instrumentos, haciendo alarde de esa frescura y alegría de vivir, promisorias de un futuro inmediato que no debe malograrse.

Fue el domingo 4 de diciembre de 2011, día de recordar a Barbarito como lo hicimos a todo lo largo del país y por todos los medios de difusión. Fue el acostumbrado apoyo de Roberto Chorens Director del Conservatorio Amadeo Roldán, a toda  iniciativa que contribuya a mantener viva la tradicional presencia de la institución en muchos de los acontecimientos más relevantes de nuestra historia musical. Fue la buena suerte de haber podido echar a andar (a toda máquina) este Taller, en un recinto como la Sala del Museo de Bellas Artes. Casi todo lo que ha visto la luz en ese ámbito, ha podido hacer historia. Así sea.

Almendares, 12 de diciembre de 2011

 


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