Posteado por: mariana50 | marzo 14, 2011

El fracaso de la CIA en Cuba

Desde el desencadenamiento de la crisis en el norte de África, se han multiplicado los artículos de prensa que arrancan hablando de Túnez, Egipto, Libia, para caer de plano en Cuba. Repasemos algunos botones de muestra.

 

El ciudadano de los Estados Unidos Alan Gross fue sentenciado a quince años en prisión. La sentencia se dictó después que su juicio en La Habana probó sin duda alguna que él había estado trabajando ilegalmente y bajo falsos pretextos en Cuba, con el programa de la USAID, de Estados Unidos, subordinada al Departamento de Estado, y que financia la empresa contratista Development Alternatives, Inc., en nombre de la cual Gross viajó a Cuba. Durante la vista del juicio oral lo admitió. USAID tiene como un objetivo explícito desestabilizar a Cuba desde dentro, fomentando el derrocamiento del orden constitucional. Fue encontrado culpable de las acusaciones de actuar contra la integridad territorial y la independencia de Cuba como parte de este programa de los EEUU.

Tan pronto como se anunció su sentencia este sábado, 12 de Marzo, los medios masivos internacionales y representantes oficiales de los EEUU, tanto en Washington como en la Sección de Intereses de los EEUU en La Habana, pasaron a la ofensiva una vez más, en una nueva campaña de desinformación y guerra mediática contra Cuba. Por ejemplo, funcionarios de los EEUU en La Habana se han quejado de que Cuba “criminalizó lo que la mayoría del mundo considera normal, en este caso, el acceso a la información y la tecnología” (Associated Press, Marzo 12, 2011). ¿Quién es Washington para determinar la política de Cuba con respecto a la información y la tecnología? Al hacer esa declaración, los funcionarios de los EEUU solo confirman que las acusaciones contra Gross son justas, esto es, que estaba tratando de establecer una red de tecnológica y de información paralela en la isla. Esto constituye una flagrante violación del derecho inalienable de todas las naciones a la autodeterminación y la soberanía. ¿Cómo reaccionaría los EEUU si, por ejemplo, China enviara un operativo a los EEUU a distribuir equipos de comunicación a aquellos que el agente extranjero considerara favorables a organizar un movimiento de oposición al gobierno en el interior de los EEUU y favorable a China? Y, es más, la mayoría de las naciones, incluidos los EEUU, tienen leyes que prohíben este tipo de actividad. ¿Y por qué Cuba no? ¿Por qué, a los ojos de los EEUU, Cuba no debe tener ese derecho?

 

El 16 de marzo de 1960, un Comité del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos presentó al presidente Eisenhower para su aprobación, un documento titulado “Programa de Acción Encubierta contra el Régimen de Castro”, preparado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de ese país.

El objetivo del programa, como se consigna en el documento, era el de “provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos”. Para el logro de ese propósito los métodos a emplear por la CIA consistirían en “incitar, apoyar, y en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba, por parte de grupos selectos de cubanos, que pudieran realizar cualquier misión por iniciativa propia”.

El presupuesto previsto en un inicio para este programa, en lo que a propaganda se refiere, se estimó en 1,7 millones de dólares. En esa época la vía de comunicación por excelencia utilizada por los enemigos de la Revolución Cubana era el canal radial. En estos años unas 130 emisoras de radio, patrocinadas por 43 organizaciones contrarrevolucionarias, han bombardeado el espectro radioelectrónico de Cuba, en una escalada que no tiene parangón en la historia.

Tras rotundos fracasos en el frente de la guerra radial y televisiva, el gobierno norteamericano y la CIA apuestan ahora a la llamada guerra cibernética para subvertir el sistema político y social elegido por los cubanos.

 

Aunque 59 años han pasado desde ese 10 de marzo, hoy aquí en Miami los herederos de aquellos sectores corruptos, entreguistas y antidemocráticos ejercen fuerte poder. Y no sólo en y desde Miami ejercen esos malnacidos tal poder en contra de los más sagrados intereses de la nación cubana, sino gracias a su alianza con las perennes ambiciones imperiales sobre Cuba de los gobiernos de Estados Unidos, desde el mismo Washington también lo ejercen.

Iliana Ros, Mario Díaz Balart y su hermanito mayor Lincoln, el que aún soterradamente continúa su pútrida trayectoria, quienes en el Congreso dirigen los esfuerzos por destruir la independencia y las libertades del pueblo cubano, son, los tres, hijos de dirigentes batistianos de triste memoria.

 

Los jóvenes cubanos, tan de su tiempo, parecieran ser el blanco perfecto para secundar «ingenuamente» planes desestabilizadores contra Cuba. Por eso cuando este diario salió a indagar sobre las impresiones del nuevo capítulo del programa Las razones de Cuba . Entre esos seres vestidos a la moda, muchos pegados a sus audífonos y con una proyección que intenta colocarlos en una dimensión distinta, una de las ideas más repetidas fue el sonado y nuevo estrellón de los enemigos de la Revolución.

 

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