Posteado por: mariana50 | diciembre 26, 2010

“Ninjas” por cuenta propia

Miercoles, 22 December 2010 Manuel Alberto Ramy

 ninja

“estamos algo entusiasmados, pero tenemos que ver”. Foto Ramy

Borrador de un corresponsal

“Ninjas” por cuenta propia

Por Manuel Alberto Ramy

ramymanuel@yahoo.com Progreso Semanal

“Ninjas” aspiran a cooperativizarse, pero buscaran asesoramiento legal.

22 de diciembre de 2010

 

No son guerreros japoneses capaces de enfrentarse y vencer a decenas de enemigos. Tampoco es una escena de un filme de aventuras ni se trata de audaces rascabucheadores en pleno día. Son jóvenes trabajadores de alto riesgo, abundantes en las grandes capitales del mundo, pero escasamente vistos en las reparaciones que se realizan en la capital y en otras ciudades cubanas.

Pablo Collazo, Yuri de La Torre y Ricardo Pedroso apenas rebasan los 30 años de edad. Ellos trabajan en  un grupo especializado de alto rendimiento perteneciente a la empresa Constructora Puerto Carenas, subordinada a la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Los tres pasaron un “curso de seis meses donde nos entrenaron en alpinismo”, dice Pablo.

El entrenamiento los capacita “no solo para el montañismo, sino para rescate y salvamento de personas” en situaciones de riesgo, y “nosotros optamos por el trabajo en edificios de gran altura”, explica.

La decisión la tomaron por varias razones, entre ellas, además del aspecto deportivo que le es propio, “pensamos que por el tipo de trabajo y las condiciones, ganaríamos más”.

Las cosas no les han ido mal, pero no alcanzaron las expectativas que tenían.

“Con estos mismos arreos que usted ve reparamos el FOCSA, que es el edificio más alto de Cuba y mide 110 metros”, pero el resultado económico “no siempre compensa la calidad de la tarea ni los riesgos…unas veces sí, otras no, depende del contratista”, comenta Ricardo y añade: “No contamos con seguro y esto es riesgoso”.

Los trabajos les vienen mediante alguno de los contratistas con que cuenta Puerto Carenas y “con ellos ajustamos un precio por el trabajo que sea, pero no siempre nos va bien”, anota Yuri.

Sin embargo, ellos realizan trabajos por su cuenta. “Podemos ajustar con cualquier particular y hacer la reparación que necesite”, como este que vienen haciendo en un edifico del Vedado.

Ellos ponen la técnica y su sistema de izaje, “que nadie no los dio; los compramos nosotros a extranjeros que han venido a practicar alpinismo en Cuba y cuando se marchan nos lo venden”. En cuanto a los materiales, “ya sea pintura, cemento y demás, va por cuenta del que nos contrate”.

“Y sí, tenemos demanda”, puntualiza Pablo, por “dos razones: para hacer trabajos en edificios hacen falta andamios, que los hay,  pero pocos, o este sistema nuestro”. Me explican que los andamios, aunque más seguros, son deficitarios en el país y además no sirven para labores en edificios o instalaciones a partir de cierta altura.

 

“¿Que es peligroso? Claro que sí”. Pablo recuerda como, trabajando en unos tanques de unos 50 metros de altura, “se me deslizo una cuerda y caí unos 5 metros.  Pensé que iba a morir en ese momento…fue una caída libre inesperada”.

De esa caída libre derivo la conversación a la libertad abierta para organizarse ellos de manera independiente, por su cuenta. Sonríen.

“Sí, sabemos que ahora podríamos trabajar cada uno por cuenta propia y hasta recibir contratos del estado”, dice Ricardo y agrega que lo están pensando “porque estamos algo entusiasmados, pero tenemos que ver”.

¿Ver para creer, como el famoso dicho de Santo Tomás?, les digo.

Pablo señala que ellos no tienen “las cosas claras”. La oscuridad estriba en que desean trabajar juntos y entonces “¿tendremos que pedir licencia individualmente como albañiles, que lo somos, y también pintores o nos permitirán crear una cooperativa entre los tres?”.

Yuri opina que “antes de dar cualquier paso hay que ver cuál nos beneficia más, si como cooperativa o individualmente”.

Se trata, según la opción que tomen, de cuánto tendrían que pagar por la licencia y cuánto por los impuestos. Pesos y centavos. La solución de sus dudas pasa inevitablemente por lo que dice Pablo a nombre de los tres: “vamos a buscar la ayuda de un abogado o de alguien bien informado, y haremos según lo que nos recomiende y nos convenga”.

¿Tienen esperanza? Los tres se miran, sonríen. “Si no tuviéramos  esperanzas de sobrevivir, no nos habríamos encaramado a 110 metros de altura, o a reparar la droguería Johnson o la de Sarrá (ambas en La Habana Vieja)”, apunta Ricardo.

Me parece que no entendieron mi pregunta y les digo que me refería a los cambios que se vienen realizando en el país. Vuelta a mirarse, esta vez sin sonrisas.

“Somos escaladores, no políticos, pero creo que sí, aunque hay que darle tiempo”, responde Pablo y añade, “Si no, la caída sería tremenda, pero hay que esperar un poquito; así como estamos no podemos seguir”.

Estos tres jóvenes, como muchos cubanos, han estado ganándose la vida a como dé lugar. Unos bordeando la ley, buscándole la vuelta al sistema, otros fuera de ella; sin embargo, ahora, a partir de las nuevas decisiones gubernamentales, la búsqueda comienza a pasar por encontrar mayores beneficios dentro de la legalidad.

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