Posteado por: mariana50 | diciembre 18, 2010

Matrimonios y algo más

Matrimonios y algo más

Fernando Ravsberg | 2010-11-04, 12:35

 

“Esto es como casarse en el paraíso”, me dicen al unísono los novios, una joven pareja de canadienses vestidos para la ocasión. Acaban de contraer matrimonio en medio de la arena en Cayo Santa María, una bellísima isla del archipiélago cubano.

 

El pasado año se casaron más de 500 parejas de extranjeros en sus playas. Cuando en La Habana me hablaron de esto me costó creerlo, así que decidí comprobarlo con mis propios ojos, lo que no significó ningún sacrificio. En el hotel me cuentan que hay una verdadera fiebre nupcial, creen que este año la cifra de matrimonios será aun mayor porque en ocasiones han tenido que derivar las parejas hacia otros hoteles por falta de tiempo o espacio.

 

Pero Cayo Santa María me reservaba otras sorpresas y la más importante fue la cantidad de cubanos que encontré allí. Me dice el director del hotel, que durante este verano hubo días con más huéspedes nacionales que extranjeros. Distinguirlos no es difícil y no me refiero únicamente a lo físico. Son las parejas que se besan con pasión en las piscinas, los que ríen a carcajadas en los restaurantes, los que mejor bailan salsa y la principal fuente de bullicio. Había cubanos residentes en Cuba y emigrados, pero tampoco fue complicado identificarlos. Me bastó con mirar el grosor de las cadenas de oro. Todos las llevan pero los que vienen de Miami las traen de un tamaño descomunal. Es verdad que el hotel ya no goza de la calma y el silencio que se vivía cuando estaba prohibida la entrada de los nacionales, pero en cambio los turistas de otras latitudes tienen ahora la posibilidad de relacionarse con la población del país. Los directivos del hotel reconocen que el fin de la prohibición fue beneficioso. “Era difícil explicárselo a los visitantes extranjeros y perdíamos muchos clientes, imagínate que este año tuvimos fines de semana con 600 huéspedes cubanos”.

 

¿Y la bulla?, pregunto. “Nada que no pueda ser controlado con una simple observación cuando se pasa de tono”, me responden y agregan que han tenido más problemas con adolescentes extranjeros que con los turistas nacionales. ¿Quiénes son los cubanos que vienen?, vuelvo a interrogar. Me aclaran que no llevan un control pero saben que hay artistas, deportistas, emigrados, trabajadores por cuenta propia y mucha gente que labora en otros polos turísticos. Pero ellos no son el único contacto de los extranjeros con el país, en los restaurantes se puede oír en vivo los clásicos de la música cubana y universal tocados por grupos de primer nivel como Alter Ego, traído especialmente desde Santa Clara.

 

En las tardes un saxofonista de la zona se pasea por el lobby regalándonos una “descarga” de concierto. De la ciudad de Caibarién llega cada mañana un profesor de Tai Chi y por las noches jugamos ajedrez como maestros del pueblo de Remedios. Me sorprende agradablemente que todos los trabajadores nos tuteen a la vez que nos atienden con diligencia. Nunca me llamaron “señor” y constantemente nos sacaban conversación sobre todo lo humano y lo divino.

 

Cuando dejo el hotel bromeo con una camarera diciéndole que se me quedó en la habitación un reloj de oro y diamantes. Me responde muy seria que “entonces allí estará porque yo no voy a perder mi trabajo y mi casa por nada del mundo”. Así me entero que el hotel financió la construcción de un barrio para sus trabajadores en el pueblo de Remedios. La camarera me dice que la casa no es suya, “será mía cuando termine de pagar el crédito, dentro de algunos años”. De regreso a La Habana me detengo a ver los apartamentos, son inconfundibles, mucho más bonitos que los demás edificios del pueblo. Tienen un diseño diferente, están pintados con colores más vivos y parecen mejor construidos. Creo que es sano que los turistas conozcan a la gente del país que visitan, los de Cayo Santa María podrán al menos contar que los cubanos son conversadores, bullangueros, bailan con sensualidad su maravillosa música y te revuelcan en el ajedrez. Autorizar la entrada de los nacionales a los hoteles fue una sabia rectificación.

 

 La prohibición no sólo violaba los derechos constitucionales de los ciudadanos, además proyectaba una imagen muy negativa del país y lo privaba de importantes ingresos. Mirando las blanquísimas arenas y el azul turquesa del mar, entiendo que los turistas sientan que se casan en el paraíso. En cambio para mí la mayor satisfacción fue hospedarme en un hotel turístico y sentir, por primera vez, que aun estoy en Cuba.

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