Posteado por: mariana50 | diciembre 6, 2010

¿Que ocurrió realmente en Bayamo?

#Cuba: ¿Que ocurrió realmente en Bayamo?

Publicado el Diciembre 6, 2010 por Yohandry Fontana

Carambola* de una ley mal leída

Dilbert Reyes

Bayamo

Fieles a la tradicional histeria con que los opuestos aprovechan el mínimo pretexto para despotricar del mundo insular cubano, por estos días hicieron de mi amada Bayamo, sus distintivos coches, la madre Cuba y la rebelde pero ajena palabra Huelga, etiquetas calientes y rutas de búsqueda picante en el gran saco ¿plurideológico o desideologizado? llamado INTERNET. (Excúsenme el invento idiomático, más ahora que la Real Academia está muy activa en sus reformas).

Lo cierto es que, como mismo en lo natural la tercera Ley de Newton explica la reacción a una acción física, en lo social cada cambio genera resistencia en diferentes proporciones.

En una de esas arrancadas que parecen conducir al espabilamiento económico de la Isla, los cocheros (conductor de un coche, que en Cuba es un carruaje tirado por un caballo) de mi ciudad respondieron al impulso de marcha atrás.

Como parte del argot que imponen las nuevas proyecciones de la economía nacional, apenas se comenzó a hablar de “oferta y demanda” los susodichos porteadores -a sabiendas de que son la más socorrida alternativa de alivio al deprimido transporte público en Bayamo- entendieron el término como “el precio que se me antoje”, y arbitrariamente, al amanecer de un día, el tramo de un peso valía dos y tres.

Como ingenuos que sólo leen la parte de la Ley que les conviene, entre todos “cuadraron” una oferta que subió dos y tres veces la tarifa tradicional; pero no toleraron la previsible demanda (reacción a la oferta) de sus clientes de siempre, el pueblo trabajador que no le subió el salario y sigue llevando “el día a punta de lápiz” (Los invito a releer el post que lleva este título).

“Lo siento, mijo, no es que no quiera montar, pero simplemente no puedo pagarte lo que pides”, fue la respuesta más común de los menos airados, que en masa se resignaban a la espera de la guagua, o partían a pie hacia el trabajo y las gestiones cotidianas.

Tú ofertas (un servicio de dos y tres pesos), pero yo demando (no me sirvo de ti). Esa es la lógica de un principio de mercado que nuestros cocheros quisieron forzar a conveniencia, y cuya actitud el propio pueblo sancionó pacífica y masivamente. ¿Hay alguna más legítima y auténtica forma de refrendar o rechazar?

Las piqueras se convirtieron entonces en largas filas de coches en stand by, a la espera del esporádico cliente de bolsillo solvente, del apurado sin otra opción que montar, o del aturdido que al llegar a destino abría los ojos y gritaba ¡¿tres pesos?!

El verdadero problema fue que no aceptaron seguir el juego de la oferta y la demanda, y en vez de volver a precios razonables, recularon con evidencias de mayor ignorancia y desinformación; porque parados, entonces, sobre el INCREÍBLE argumento de que su negocio no es rentable con los futuros nuevos tributos (el ligero incremento del impuesto por patente y la contribución a la seguridad social, previstos para aplicar en febrero venidero y no ahora, como ellos sostenían), decidieron detener sus servicios.

A esta situación fue a la cual nuestros opuestos de ideología y pensamiento se apuraron en llamar Huelga de Cocheros, aún cuando no tenían el mínimo respaldo de sus clientes de siempre; quienes, por el contrario, mostraron satisfacción por los ómnibus de todo tipo que cubrieron de inmediato las rutas de los carruajes. O sea, tampoco hubo traumas ni afectaciones sensibles al tráfico de personas que mueven a mí, por suerte, pequeña ciudad.

Sin embargo, la evidente equivocación de perspectiva, que en mi criterio rozó la ambición y el oportunismo de sacarle lascas a la necesidad del pueblo (del cual olvidaron que son parte y como tal reciben lo que Cuba reparte a todos sus hijos por igual); autoridades locales les escucharon sus quejas en un debate franco que demostró la insuficiente información de los ajustes que vienen. Todo terminó en lo único que podía: la aclaración de las malas interpretaciones y la corrección parcial de actitudes.

La primera moraleja de este capítulo -exagerado por los “librepensadores” espacios web- no es nueva. Es difícil triunfar en un empeño minoritario que afecte la voluntad masiva de mis isleños, porque ya llevamos muchos años marchando juntos hasta en las peores crisis y necesidades.

Segunda moraleja: la Ley justa no es un negocio para una parte de quienes se rigen por ella. Para no “meter la pata” más vale estudiarla completa.

Por lo pronto, hoy vine al trabajo en coche. Me costó un peso.

*Carambola: Efecto de segundo rebote. Por ejemplo, en el juego de canicas (bolas), la que se lanza impacta una y al rebotar le da a otra.

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