Posteado por: mariana50 | noviembre 7, 2010

La historia del nuevo Seminario San Carlos y San Ambrosio en Cuba

 

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Fotos: Revista Palabra Nueva. Reuters.Cubadebate
 
 
 
 
El sueño que abrigó en su corazón mi ilustre predecesor, el Cardenal Manuel Arteaga y Betancourt, y que él pudo materializar al inaugurar el Seminario de El Buen Pastor en el año 1945, de tener un seminario quepudiera formar adecuadamente a los nuevos sacerdotes de Cuba, no pudo tener continuidad, pues la parte suroeste de la ciudad de La Habana, donde estaba enclavado el seminario, fue declarada zona de defensa enel año 1966. 
 
 
Los seminaristas tuvieron que ocupar entonces de nuevo la antigua casa del Seminario San Carlos y San Ambrosio, que había pasado a ser residencia del Arzobispo de La Habana con diversos servicios pastoralesallí instalados. Ese venerable edificio, donde se había fraguado el pensamiento nacional cubano, resultaba ya inapropiado para albergar a los jóvenes estudiantes que se preparaban al sacerdocio, debido al nuevo uso al que había sido adaptado y para el que sirvió durante más de dos décadas. La necesidad hizo, pues, readaptarlo con premura, del mejor modo posible, para que retomara su antigua función de alojar a los futuros sacerdotes de Cuba que se preparaban allí a su misión. A esta tarea se ha destinado la antigua edificación por más de cuatro décadas hasta nuestros días. 
 
 
Después de un tiempo como Arzobispo de La Habana, convencido de la necesidad de un espacio más adecuado para la oración, el estudio y el silencio por parte de quienes se preparan al sacerdocio en Cuba,prendió en mí la idea de revivir de nuevo el proyecto original del Cardenal Arteaga, de tener un seminario adecuado para una seria formación de los futuros sacerdotes cubanos. Este proyecto se fue fraguando poco a poco, y cuando nos visitó el querido y recordado Papa Juan Pablo II en 1998, al final de la Misa en la Plaza de la Revolución, dos seminaristas presentaron al Santo Padre la piedra que sería colocada como primer objeto de obra en el nuevo seminario cuya construcción ya se planeaba. Aquella misma tarde, en el aeropuerto de La Habana, reunidos los obispos cubanos con la alta dirigencia de la Revolución para despedir al Santo Padre que retornaba a Roma, se hizo referencia en el grupo a labendición otorgada por el Papa a la primera piedra de un nuevo seminario. En esa ocasión el Presidente Fidel Castro prometió apoyo para que este proyecto pudiera realizarse. Esta promesa se ha cumplido fielmente y agradezco en nombre de la Iglesia, tanto al antiguo Presidente como al actual Presidente Raúl Castro, que nos honra con su presencia, que esta obra haya contado hasta suconclusión con el apoyo estatal, para poder realizarla convenientemente.Las facilidades para las importaciones indispensables, el pago en moneda nacional, a precio de costo, de materiales y servicios que podían brindarse en Cuba, son algunas de las facetas más importantes de esta valiosa ayuda.
 
 
 
Quiero extender también la gratitud mía y de nuestros ingenieros , arquitectos y constructores, a las varias instancias del gobierno que colaboraron con efectividad, desde el ministerio de la construcción y la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, hasta las empresas de servicio eléctrico y telefónico, así como a los empleados de distintos organismos estatales, que se esforzaron codo a codo connuestros trabajadores para la culminación de esta obra, iniciada hace aproximadamente cuatro años. Gracias a la firma Omega Ultramar, por su asesoría y sus gestiones de importación. Gracias a la ingeniera, los ingenieros y arquitectos que se han hermanado con amor en una obra que han realizado con la mente, con los brazos y con el corazón. Gracias a esos obreros, trabajadores anónimos y a un tiempo fundamentales, para que esta obra tenga un acabado admirable. Sus huellas están en cada una de estas piedras, sus nombres están escritos en el cielo, desde donde Dios conoce y ama a cada uno de ustedes. Justamente, para ahondar en el conocimiento y el amor de Dios se abre este Centro.
 
 
 
No es una escuela, es un Seminario y esta palabra significa semillero, siembra que fructifica. Aquí se sembrará el amor a Dios y anuestro pueblo en los futuros sacerdotes de Cuba. Es una casa de la Iglesia y por eso están aquí presentes Arzobispos, Obispos, sacerdotes y laicos de Iglesias hermanas. Sin su ayuda no hubiera sido posible levantareste Seminario. Quiero agradecer ante todo en la persona del Caballero Supremo de la Orden de los Caballeros de Colón, Sr. Carl Anderson, aquí presente, la ayuda valiosa que esa asociación de hombres católicos norteamericanos nos ha brindado. Ella ha constituido el apoyo esencial para su realización. También deseo agradecer al Sr. Frank Ward de la Diócesis de Boston, que no se encuentra presente, su notable colaboración, así como a la ConferenciaEpiscopal Italiana, a la Iglesia de Alemania, y a los hermanos obispos, sacerdotes y laicos de otras Iglesias de Estados Unidos, de Francia, de España y de Latinoamérica, que también nos han apoyado. Se hace aquí real el misterio de la Iglesia que es Una y se realiza con sus características propias en cada país o región. Y no podemos olvidar la ayuda brindada desde su pobreza por las comunidades católicas de nuestra diócesis.Queridos hermanos y hermanas: en esta casa de oración serán siempre recordados en el Señor. 
 
 
Palabras del Cardenal Jaime Ortega (Completo)  
 
 
 
 
 
  El actual Seminario San Carlos y San Ambrosio, cual fiel tesorero de lo mejor y más auténtico del pensamiento cubano, no perderá su esencia.
 
El actual Seminario San Carlos y San Ambrosio, cual fiel tesorero de lo mejor y más auténtico del pensamiento cubano, no perderá su esencia. Con una dimensión más amplia, y un propósito que trasciende la educación religiosa para insertarse en el contexto social, el edificio será convertido en un gran centro cultural y de estudio que llevará el nombre de Félix Varela.

Allí existirá una gran biblioteca abierta al público, estará el Museo Arquidiocesano y se habilitarán espacios para exposiciones de arte, presentación de obras de teatro, conciertos, así como proyección y debate de películas. “Debajo del nombre que identificará la futura institución –destaca el cardenal Jaime Ortega– dejaría siempre, entre paréntesis quizás, ‘Antiguo Seminario San Carlos y San Ambrosio’”.

Cierto es que, ambos edificios, el de antaño y el contemporáneo, continuarán junto a los cubanos preservando lo más legítimo de nuestra nacionalidad, y custodiando, como Iglesia, la memoria de nuestro pueblo.

 

 

 
 
 
 
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Responses

  1. Por favor estoy interesado en ser sacerdote,si alguien me pudiera dar el email del seminario
    ,por favor


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