Posteado por: mariana50 | octubre 13, 2010

A PROPÓSITO DEL COLVMBVS DAY: CUBA

Tuesday, October 12, 2010

PRÓLOGO
Hace mucho tiempo en Cuba los caciques vivían dándose hamaca y hablando mierda. Digo caciques porque había más caciques que indios. Metiéndole naríz al tabaco y boca a la jama silvestre. Se rumoraba lo mal que gobernaba Hatuey en Quisqueya y lo paraítas que tenía las tetas Guarina, la taína de Jatibonico. También les agarraba la tarde discutiendo sobre quién era mejor jugando batos, si la novena de Caonao o la de Cumanayagua.
COLONIZACIÓN
Pero entonces llegó Colón (el único europeo con brújula) y unos gallegos pirotécnicos que todo lo resolvían con candela. Incendiaron batey, barbacoa, bohío y bollo (porque trajeron la gonorrea). Y vinieron con una horqueta de madera que a quien no la respetase se la metían por culo, lo empalizaban y le pegaban fuego también. Las indias – lógico – empezaron a irse con los entrantes hechizadas por espejitos, pañoletas y estampitas de la reina Isabel la Católica. Y como al brujo de la tribu se le ocurrió decir que el mayor tesoro que tenían era “el loro” (un cotorrón de Banao que recitaba el calendario maya de memoria) los descubridores interpretaron mal – por la mala pronunciación del cubano – y entendieron “el oro”. Y metieron a todo el mundo en los arroyos a sacar fango del fondo. Como el cubano no nació pa’ trabajo voluntario y la embajada española todavía no daba pasaporte con ciudadanía por paternidad ni lotería de visas; los cubanos se fueron muriendo de sinusitis, hongos en los pies y tos de perro – contaminados por los extranjeros que además trajeron varicela, impétigo, urticaria y herpes genital.
ESCLAVITUD
A la corona ibérica no le quedó más remedio que echar mano a todo jugador de baloncesto y desempleado deambulando del estrecho de Gibraltar pa’bajo y llevarlo a Cuba como brigada de apoyo a la industria del oro bajo latigazo porque a la verdad el negro tampoco nació pa’ curralar ni la cabeza un guanajo sino con oído pa’ la música y pierna pa’l atletismo. De paso, la negrería fue tentación carnal porque la hermbra era culona y el macho pichilargo… y allí mismo se formó el mulato (especie de español más vivo, que sabe bailar sin dar esos zapatazos en el piso como los flamencos).
INDEPENDENCIA
En arrebato de celos tras tres hijos mulatos ajilaos, un hacendado nativo desencadenó a sus negros (total, igual se templaban a su esposa) y los embulló a pelear contra los administradores peninsulares porque no le daban el porciento de ganancia que exigía en la empresa mixta nacional. La rebelión se inició con insultos y alaridos (como cubanos al fin) por eso le llamaron “El Grito… (de algo)”. Pero la guerra se estancó durante años porque los rebeldes insulares (con pseudónimo de “mambises” como si fuese un blog) no se ponían de acuerdo en cuál era el caudillo (caudillo era ahora el equivalente a cacique). Y como se pasaban el tiempo sacándose trapos sucios, de pronto se aparecieron los americanos con el apoyo naval – en realidad lo que se le pidió al yanqui fue apoyo aéreo pero cuando aquello no se había inventado el avión todavía (adelantaditos a la época, los cubanos).
REPÚBLICA
Modestia aparte, del enyunte con el Norte Revuelto y Brutal nació la época hiperbólica o republicana, es decir, cuando a los cubanos se les pegó la bobería gringa de creerse los mejores: La Habana más grande que Nueva York, el puente de Bacunayagua más largo que el de Brooklyn, el Focsa más alto que el Empire State, el malecón más bonito que el de Nueva Orleans y el carnaval más alegre que el mardi gras. También, por carambola, el político más ladrón, la clase alta más alta y la baja más baja. Y los niños del campo, más barrigones (porque las lombrices cubanas son más grandes, son como clarias).
REVOLUCIÓN
Se suponía, tuvo que aparecer el cubano que formó la revolución más grande que la francesa. Y de pronto Cuba se llenó de un hombre nuevo (mujeres nuevas incluídas), todos con nombres muy raros, gustos diferentes y un lema eterno en sus labios: “No es fácil”. Muchas nativas no han abandonado la moda nacional de irse con los entrantes (ahora llamados turistas) a cambio de creditplastic, papelitos verdes y nuevas estampitas de la reina (“Hola” magazine). Y la revolución más grande que la francesa ya es tan vieja como la torre Eiffel. Y no se cae por vieja y herrumbrosa. Pero hay historiadores que cuentan todo esto de otra manera, lo politizan… y lo único que logran con eso es confundir. Tan fácil que es entender nuestro cuento narrado de manera simple y popular.
EPÍLOGO
Pero no es fácil. ©varela
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