Posteado por: mariana50 | octubre 5, 2010

RDA y RFA: “La exitosa historia de la reunificación y la mayor estafa económica”

02-10-2010

 

Alemania se prepara para celebrar el 20 aniversario de su reunificación
 

   Rafael Poch

La Vanguardia
La privatización y desindustrialización del Este fue el capitulo más oscuro de la exitosa historia de la reunificación

El término “Paisajes floridos”(blühenden Landschaften) se evoca mucho estos días, en el marco del veinte aniversario de la reunificación. Lo utilizó el Canciller Helmut Kohl para ilustrar su promesa de una vida mejor y radiante para los ciudadanos de la RDA en la Alemania reunificada. La RDA era un país mucho más pobre que la RFA. La expectativa de alcanzar, de un día para otro, el superior nivel de vida del oeste, tenía allá una enorme fuerza social.

La solidaridad funciona

La transferencia de dinero, de Oeste a Este, la solidaridad interalemana, sigue funcionando. Es verdad que según las encuestas esa ayuda que deberá mantenerse hasta el 2019, no gusta al 71% de los ciudadanos. Su monto, desde 1990, se estima en 1,8 billones de euros (cifra no oficial), pero el hecho es que, pese al desagrado declarado, esa ayuda no se ha puesto en cuestión.

La sociedad de la RDA era la más socializante del bloque del Este. Seguramente la menos podrida por el efecto combinado de corrupción, falta de libertad, doble moral y cinismo político, que caracterizaba a todo el bloque. Esa circunstancia explica que en vísperas de la reunificación, el programa económico formulado por el movimiento civil de la RDA, que en el resto del bloque proponía recetas neoliberales, apuntara a una vaga “tercera vía” entre economía de mercado e ingredientes sociales y verdes.

El Neues Forum abogaba por una “fuerte participación de los trabajadores”, la Initiative für Frieden und Menschenrechte quería, “estructuras descentralizadas y autogestionadas”, la Vereinigte Linke y el SPD proponían un “control colectivo de los trabajadores sobre las empresas y la sociedad” y hablaba de una “socialización de verdad” en lugar de la “socialización formal-estatista”. En su última decisión, el gobierno de transición de la RDA creó una institución fiduciaria (Treuhandanstalt) en cuyas manos se puso la administración de toda la propiedad del país con la misión de “mantenerla para el pueblo de la RDA”. Todos esos sueños fueron barridos por la expectativa de un consumo y nivel de vida como el de la otra Alemania, que en las primeras elecciones libres de la RDA de marzo de 1990 dio la victoria a los satélites de Helmut Kohl.

Tras aquella victoria la prioridad de Kohl era aprovechar la reunificación para ganar las siguientes elecciones, ahora en la Alemania unida. Eso, explica en su libro de memorias, Wolfgang Schäuble, entonces un negociador clave y hoy ministro de finanzas, determinó la apuesta por la unión monetaria entre Este y Oeste, desaconsejada por el Presidente del Bundesbank, Karl Otto Pöhl y su colega del Banco central de la RDA, Edgar Most, entre muchos otros.

Al establecer la paridad 1-1 entre el Deusche Mark y el Marco del Este para ahorros de 6000 marcos (una fortuna en la RDA, y dos meses de sueldo de periodista de la RFA de entonces) y de 1-2 para patrimonios más altos, los alemanes del Este se sintieron como si les hubiera tocado la lotería. Acto seguido, Kohl, convirtió el Treuhandanstalt en un aparato para la privatización, vía restitución (a antiguos propietarios) o venta, de la propiedad pública. Una posibilidad de tercera vía socializante fue convertida así, en mera restauración del orden anterior a la existencia de la RDA mediante la privatización del patrimonio nacional.

El argumento oficial es que todo eso no tenía alternativa y que, “la economía de la RDA se estaba desmoronando”, como dice el entonces ministro de finanzas, Theo Waigel. Most lo niega y afirma que, “fue la paridad la que hundió definitivamente la economía de la RDA”. “Para mi estaba claro que la introducción de la moneda occidental destruiría las empresas de la RDA, pero Kohl decía que con la unidad íbamos a ganar las elecciones”, dice Schäuble en su libro de 1991.

Para 1994, 8000 empresas del Este ya estaban en manos de “inversores privados” del Oeste, habían sido cerradas o adquiridas a precio de ganga, y 2,5 millones de alemanes del Este (sobre 16 millones de habitantes) se habían quedado sin trabajo, porque el tejido industrial de su antiguo país había desaparecido. El tema es hoy muy polémico.

Werner Schulz, ex miembro de la comisión de investigación del Bundestag, califica la gestión del Treuhandanstalt como, “el capitulo más oscuro de la exitosa historia de la reunificación” y “la mayor estafa de nuestra historia económica”. El Ministro del Interior Otto Schily habló de una “gigantesca expropiación”. Los defensores dicen que las empresas de la RDA “no valían nada”, pero no todas eran morralla oxidada.

La empresa WWB era valorada en 160 millones de marcos. El Treuhandanstalt la valoró en cero. Su patrimonio inmobiliario fue vendido y el dinero transferido a Suiza y Liechtenstein. La empresa de neveras DKK fabricaba las neveras Privileg. Sus ingenieros crearon las primeras neveras sin gases de efecto invernadero, algo que hoy han adquirido todas las grandes marcas. Intentó salir a flote, pero todos sus competidores occidentales le hicieron una campaña de desprestigio diciendo que sus neveras eran “inflamables”. Tuvo que cerrar. Las empresas occidentales querían ampliar mercado, no estaban interesadas en competidores y solo querían filiales en el Este, dice Schulz, según el cual fueron los bancos los que hicieron el agosto valorando a la baja los bancos del Este que absorbieron, tal como señala un informe inédito del Tribunal Federal de Cuentas (BRH) citado por el segundo canal de la televisión pública, ZDF.

El DG Bank de Alemania Occidental compró por 106 millones el Banco Cooperativo de la RDA. Con ello adquirió reclamaciones de deuda por valor de 15.500 millones, que el gobierno de Bonn garantizó. Según el Tribunal, “la compra debería haber tenido en cuanta las ventajas derivadas de la adquisición de esas deudas”. Lo mismo ocurrió con el Berliner Bank, que compro el Berliner Stadtbank del Este por 49 millones, sin contar los 11.500 millones, ahora respaldados por Bonn, que se le debían al banco, y con otras instituciones. Dos tercios de la deuda del Treuhandanstalt, 85 mil millones de euros, no ha sido reembolsada. “Si en Occidente hubo unas mil privatizaciones en diez años, aquí hubo ocho mil en cuatro años”, explica Schulz, sugiriendo que la rapidez camufló muchos delitos. La crónica incluye un drama personal: Detlev Carsten Rohwedder, el empresario occidental que fue el primer director del Treuhandanstalt, fue asesinado en abril de 1991 en un atentado no resuelto atribuido a la RAF. En cualquier caso, si el resultado fue discutible, la privatización alemana fue mucho menos criminal que en la URSS y que en el resto del antiguo bloque.

Fuente: http://www.lavanguardia.es/internacional/noticias/20101002/54015861398/paisajes-floridos.html

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