Posteado por: mariana50 | septiembre 26, 2010

Un monumento a la burocracia

Interesante opinión de un forista en el “Los detalles” de Fernando Ravsberg.

Mariana

 

  • 56. A las 10:07 AM del 24 Sep 2010, Ramón el hijo del tabaquero Escribió: ¡Fernando!:
    Tu tema de este jueves no deja mucho que exponer. Has tocado verdades que viven todos los cubanos de allá y que vemos, sin vendas en los ojos, los de acá cuando estamos de visita. Es un sistema de manejar el comercio tan obsoleto e ineficiente, que mis propios amigos no cubanos cuando van a Cuba, regresan con algún enojo causado por ello. En tu artículo lo único que veo algo fallido es que hayas tocado en este tema, el tema de la burocracia, que aunque tiene asociación con lo que explicas, pienso que se mereció un artículo por separado. Por eso quiero comenzar mi comentario precisamente refiriéndome a la última frase de tu post: la que toca a la brurocracia.
    En el centro de Reikjavik, la capital de Islandia, hay un inusual monumento en una pequeña plazuela. Se trata de un hombre caminando con un portafolio, vestido de traje y en lugar de cabeza, hay un gran bloque cuadrado como de un metro cúbico de tamaño. Esa genial escultura no es más que un monumento a la burocracia. La burocracia es un mal no solo cubano. La burocracia se sufre en cualquier país, a pesar de que la electrónica hace posible, factible y viable que cualquier trámite se acelere, por no decir de que sea momentánea su solución, pero en ningún país nadie va a echar a la calle a millones de burócratas aunque una simple computadora los pueda suplir absolutamente en todo, pues crearía un problema derivado de desempleo, ya que en cualquier país las estructuras burocráticas son enormes. Pero en el caso de la burocracia cubana los límites a los que ella llega, son una mezcla de sarcasmo, con ridículo, a veces de prepotencia, y a veces de kafkianismo. Por poner un ejemplo, el año pasado cuando estuve en Cuba con mi hija y mi yerno, al ser este no cubano tenía que hacerle un registro de dirección por el tiempo en que iba a estar en la casa de mis padres, que es la mía. Ese registro no lo puedo hacer en la dirección municipal del MININT, sino en la capital de la provincia, pero además lleva obligatoriamente un sello por 5 CUC que en esos momentos (julio del 2009) no estaba en existencia en ninguna entidad bancaria de la provincia, único lugar donde se puede adquirir. El trámite hay que realizarlo obligatoriamente antes de las 72 horas de ingreso al país. Antes mi desesperación por no dar con el bendito sello, llamé a la dirección de inmigración para saber qué sucedería si pasaban las 72 horas y no había sido posible conseguirlo, y por tanto no hacer el trámite. La respuesta fue bien clara y tajante: “¡El trámite tiene que realizarlo antes de las 72 horas, o de lo contrario está incumpliendo la ley y habrá consecuencias!” ¡Ah, y me dijeron que en La Habana, a más de 300 km de distancia, existía el sello! Ni en el mercado negro aparecía el dichoso sello y ya a fuerza de mucho gestionar, di con él a las 2 P.M. del segundo día, por teléfono, en un pueblo de la provincia de Sancti Spíritus, a donde me dirigí raudo y veloz en el auto de un amigo antes de que me dieran las 4 P.M., hora de cerrar el banco. Llegué a tiempo al banco, pero me impidieron la entrada porque iba en camiseta, ya que al lugar “hay que entrar correctamente vestido”, y como mi amigo el chofer iba también en camiseta, tuve que solicitar los servicios de un transeúnte para que se acercara a la ventanilla y me pudiera comprar el triunfal sello, con el cual a la mañana siguiente hice el trámite que me libró no sé de qué consecuencias. Yo me pregunto, si no es más sencillo que yo llegue a la Dirección de Inmigración, aunque no entiendo porque tiene que ser en la capital provincial, y no en el mismo municipio, y allí mismo se me oferte el sello, lo pagué, me pusieron lo que lleva el pasaporte y me fui. El sello me salió como en 40 CUC a la postre, dado los gastos de desplazamiento urgente, que yo con gusto los hubiera pagado si no me hubieran obligado a moverme de mi pueblo y allí mismo hubiera podido realizar el trámite.
    Perdonen si a veces traigo estas historias de corte personal al post, pero es que como ven, esos males de nuestro país nos tocan a todos. Si en la capital de Islandia existe, como les decía, un monumento al burócrata, yo creo que a la burocracia cubana hay que hacerle uno también, pero en vez de un bloque en lugar de la cabeza, ponerle un arado y si cabe la yunta de bueyes también, pues hay muchos burócratas en nuestro país que son auténticos arados andantes. Y ponerle al cuello una rueda de tren y erigir el monumento al borde de la Fosa de las Marianas para que se vaya al fondo y que caiga boca abajo, por si se quiere salir, que se hunda más para abajo aún, como dice una bachata a una suegra condenada.
    Cuando yo era intérprete en Cuba, muchas veces acudía con mis representados a oficinas, donde siempre nos decían que viniéramos mañana. Tal era así, que ellos me decían, vamos a ver si podemos hablar hoy con “el mañanista”. Y al otro día nos volvían a dcir lo mismo. A algunos tenía que calmarlos yo para que no les diera un infarto. En una ocasión uno de esos funcionarios nos dijo que fuéramos al otro día, porque salía urgentemente para una reunión, y al rato mi representado me invitó a tomar una cerveza en los altos del hotel Santa Clara Libre y al llegar al bar, nos encontramos al funcionario sentado allí disfrutando de una fría cerveza Manacas. Sorprendido no tuvo más que decir, que estaba esperando a la contraparte de la reunión allí, en un bar.
    Pudiera poner miles de ejemplos más de cosas que me han sucedido con la burocracia en Cuba, pero no vale la pena hablar tanto sobre algo que todos saben es un cáncer para el propio país, y cuya solución no parece avisorarse. Es de los cánceres más incurables y metastásicos que hay.
    La burocracia es el peor mal que tiene la eficiencia de cualquier país, y no necesaria y exclusivamente Cuba, pero el caso nuestro es patológico.
    Lo de las tiendas en divisas, es algo inaudito y lo que tu has contado no es todo. Es poco en comparación con lo que se ve en el interior del país. No hay viaje que yo haga a Cuba, en el que yo no monte algún “berrinche” en una tienda. En una ocasión, fui a buscar un encargo urgente de mi madre y tras esperar casi diez minutos delante del mostrador pregunté que por qué no se me atendía, y me dijeron que la persona encargada del mostrador estaba almorzando. Pedí que me atendiera otra persona y me dijeron que era imposible, pues esa caja, tal y como tú narras, no la podía manipular otra persona. Pedí que se me cobrara en otra caja y tampoco fue posible. Estaba prohibido y cuando estallé, el vicegerente de la tienda, que es mi conocido, me dijo que no me olvidara de que estaba en Cuba y que en Cuba las cosas eran así. Le tuve que decir, que precisamente no debieran ser así, porque cuando yo en otro lugar voy a dejar dinero contante y sonante, me atienden hasta de lejos, y que no veía allí interés porque yo les dejara mi dinero. ¡Lógicamente, la empresa no es de nadie! Es del Estado.
    O el caso de la avispada vendedora, también en mi pueblo, que cuando entre otras cosas compré dos botellas de Habana Club del mismo ron añejo blanco, pero una mayor que la otra, porque iba a hacer un presente, y pensó que yo no estaba al tanto de sus maniobras y me intentó cobrar las dos botellas con el precio de la mayor. La dejé terminar y luego revisé el comprobante delante del mostrador y le pregunté que por qué me cobraba de más. Se hizo la desentendida y cuando le dije que había aplicado dos veces el detector del precio a la misma botella grande (que por qué no a la chica), me dijo con tremenda cara dura que había sido un error. El problema fue que para ella “enmendarlo” estuvo más de 10 minutos abriendo carpetas y escribiendo algo en ellas, hasta que así subsanó la diferencia de 1,40 CUC, cuando yo estoy acostumbrado a que ese trámite por error de la caja se subsana en 5 segundos.
    En fin, son anécdotas que vienen a darte toda la razón en lo que dices, pero lo que se te escapó es decir que allá no estás protegido contra esas cosas que suceden en las tiendas cubanas y en cualquier otra parte. Ese entramado de burocracia y corruptela, parece como diseñado para que uno apoye al otro y se sirvan mutuamente de escudos protectores y contra ese blindaje pocas son las opciones de hacer valer la razón. No tienes manera de hacer progresar una demanda o una queja y si hacen el “paripé” de que lo están haciendo, eso no pasa de allí. Y esas cosas pasan en la aduana, en los bancos, en cualquier lugar donde vas a hacer una gestión si la solución no está previsto que sea momentánea. Simplemente es el umbral de la pérdida de tiempo, de la paciencia, y hasta de la salud, pues hay personas que hasta se desequilibran al ver tanto kafkianismo, como decía más arriba, en la realidad cubana.
    Yo creo, sin embargo, que el hecho de que estas cosas comiencen a ser vistas desde lo más alto del poder y se comprenda que hay que atajarlas para poder poner en orden el país, ya de por sí es positivo. Lo que si veo complicado es cómo romper la defensa de la burocracia parasitaria, que se ha hecho resistente, por no decir inmune a cualquier medida para curarse de ella, y cómo desmantelar un monstruo tan grande sin que el resultado sea mayor ineficiencia en las gestiones de muchas cosas en el país.
    Una vez por los años 80, en el periódico “Vanguardia” de Santa Clara, salió una opinión de un lector, que resultó ser el director de un central azucarero (CAI: compleo agroindustrial), al que se le acusaba de una mala gestión al frente de su empresa. El explicaba que cómo iba a atender a su empresa, si por ejemplo, en enero, que tenía 31 días (27 si se descuentan los domingos), el había tenido que asistir a 53 reuniones, muchas de las cuales en la capital de la provincia, lo que le daba una media de casi 2 reuniones diarias, sin contar las horas perdidas de desplazamientos, pues las reuniones no eran en su despacho del central. De qué forma atender una empresa estando siempre reunido.
    Cuba va a emprender un proceso de reformas, que va a tocar la médula del funcionamiento de la economía, y lo veo así, a pesar de la gran cantidad de excépticos que veo opinando al respecto en tu blog. Creo que lo primero que se debe hacer, es preparar un gran programa de gestión de empresas, tal y como sucede en los lugares donde el funcionamiento de las mismas está dado por la dinámica “producción – mercado – consumo”, pues aunque no lo quieran ver así algunos de los resistentes a la introducción de los elementos del mercado en la realidad cubana, eso va a suceder. Eso va a significar la reducción al mínimo del descomunal aparato burocrático que ya no va a servir para nada y el dilema está en a quién dejar para el mínimo aparato burocrático que se necesitará. Se avecina un proceso de luchas intestinas por el poder ejecutivo en las empresas, donde es imprevisible saber quién triunfará, pero para cortar las aspiraciones de los que piensan aferrarse a los cargos para enriquecerse ilícitamente, hay que comenzar también por aplicar una férrea contabilidad basada en dinero contante y sonante, donde la falta de un solo centavo exiga la más detallada explicación y la menor incongruencia financiera ya tome ribetes de delito. Entonces, comenzará la cura del peor de los males que amenaza al proceso cubano: la burocracia corrupta.
    En cuanto a lo que te referías de los impuestos, es ciertamente injusto gravar a todos por igual y a todos los productos sean de primera necesidad o no, con la misma tasa. Donde yo vivo, por ejemplo, los combustibles para automotores (no para calefacción), el tabaco y el alcohol, tienen una tasa de impuesto que representa el 83% del precio y en el caso de los dos últimos son monopolio exclusivo del Estado. En Cuba se debe instrumentar el IVA, el impuesto añadido al valor, por ser un impuesto justo, ya que el rico paga más que el pobre, por comprar el rico cosas más caras que las que compra el pobre, pues el mismo es el 23% del valor de lo que pagas, o sea, para los que no lo comprendan, una cosa que valga un euro, en la caja pagas 1,23 € por ella. Esos 23 centavos añadidos al valor son del Estado y con ello gana también la gestión estatal y se obliga al rico a abonar al bienestar de todos más que al pobre. Cuando se quiere sanear las arcas del Estado, se sube el IVA, como ocurrió el año pasado con el telón de la crisis financiara de fondo, y este subió del 22 al 23%. Luego, cuando se quiere dinamizar el consumo, se baja el IVA, como había ocurrido hace unos años atrás y eso hace que por concepto del consumo, el Estado recaude más y la economía se dinamice.
    Lo que si no veo de momento posible de desmantelar, es ese enjambre de empleados en las tiendas por divisas que tú describes aquí. Mientras la mentalidad de robar no sea atajada por medidas de coarción ese enjambre de vigilantes y controladores en esas tiendas, va a perdurar, y sobre todo mientras nadie comprenda que un sistema de vigilancia por cámaras a la larga hace más rentable la gestión, ya que te ahorras muchos años de pagar salarios a los excesivos vigilantes y te ahorras las pérdidas que ocasiona el robo.
    Aquí donde vivo, el robo en los comercios se maneja así: si lo robado es por 50 € o menos, se te obliga, al ser sorprendido, a comprar lo sustraído, más a pagar una multa por 400 €. Si supera los 50 €, ya se llama a la policía, que te hace un expediente delictivo por el caso, se te obliga a comprar lo que ibas a robar y además te espera un proceso judicial. Son buenas medidas para hacer saber a las personas que no se puede robar. Aquí también hay ladrones de comercios, pero las medidas que se toman contra dichos robos y las formas existentes para prevenirlos, hacen que sea algo en escalas menores, aunque de todas formas, también existe.
    Creo que Cuba pudiera aprender e todas estas cosas para hacerse más efectiva, pero es que son tantos los problemas acumulados, que el proceso será largo y lento. La esperanza es que a la larga el país se normalice y lo más importante, que las conquistas sociales no se vean anuladas por la destrucción de todo el sistema debido a sus propias deficiencias. El reto es hacer eficiente al país y luego las demás cosas se van corrigiendo por su propio peso.

  • 57. A las 10:47 AM del 24 Sep 2010, Ramón el hijo del tabaquero Escribió: ¡Fernando!:
    Acabo de enviarte mi comentario, cuando abro el Granma digital y me encuentro con las liberaciones para el trabajo por cuenta propia, la eliminación de algunas limitaciones y la lista de empleos que legalmente se podrán ejercer en autogestión. Creo que el documento va a desatar mucha polémica aquí en tu blog y de nuevo nos van a aludir a los que emigrados que disponemos de PRE, ya que en algún lugar se hacen explícitas algunas aclaraciones al respecto de nosotros. De todas formas, creo que es un buen paso para comenzar con las transformaciones, aunque me llama la atención que profesiones como las de joyero, no aparecen autorizadas, o enlistadas, aunque no están entre las excluídas de momento, o no entiendo dentro de cuál jerarquís la ubican. Por sí, o por no, hay para gustos en la lista. Por la hora en Cuba, será un buen desayuno para tí.
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