Posteado por: mariana50 | septiembre 19, 2010

La gran noticia hace 30 años: ¡Un cubano en el cosmos! (reportaje, videos y fotos)

La gran noticia hace 30 años: ¡Un cubano en el cosmos!

19 Septiembre 2010 Cubadebate

 

Arnaldo Tamayo Méndez
Arnaldo Tamayo Méndez

 

Quien estaba de corresponsal de Prensa Latina en Moscú en 1980 recuerda lo sucedido sobre los preparativos, el vuelo conjunto cubano-soviético y regreso a la tierra del primer cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo Méndez

Marta Denis Valle*

A esta agradable noticia asistí en Moscú junto a otros periodistas de Prensa Latina y un numeroso grupo de colegas cubanos que viajaron a la Unión Soviética para la cobertura de este acontecimiento, esperado por todos sin conocer la fecha exacta.

¡Qué un cubano iba a viajar al Cosmos!, constituía un secreto a voces pero muy pocas personas conocían la fecha exacta.

En abril de 1980 conversé largo rato con los dos candidatos cubanos, el teniente coronel de la Fuerza Aérea Revolucionaria Arnaldo Tamayo Méndez (Guantánamo, 29 de enero de 1942) y el capitán José Armando López Falcón (La Habana, 8 de febrero de 1950) camino del Centro de Cultura, de la Ciudad Estelar -a unos 40 kilómetros de Moscú-, donde se realizó un encuentro de la prensa de países socialistas con la tripulación del vuelo conjunto búlgaro-soviético, la cual había regresado a la Tierra antes de tiempo debido a un fallo técnico.

En esa ocasión, algunos colegas, conociendo de mi encuentro con los candidatos, me preguntaron si yo sabía, ¿cuál de los dos cubanos volaría y cuándo? Pero no pude responder.

Era un secreto todavía, y en nuestra conversación no tocamos ningún detalle reservado. Se habló sobre la vida en la Ciudad Estelar, el rigor de la preparación, acerca de Cuba, y otras cosas. Me aseguraron que ninguno se dejaría vencer por el entrenamiento en tierra y estaban dispuestos a cumplir la misión, robándole incluso tiempo a su descanso para dominar mejor el idioma específico de la técnica cósmica.

El primero de septiembre de 1980, las óptimas calificaciones obtenidas por ambos al concluir el programa de preparación teórica y física, en las aulas, y los entrenamientos terrestres y los vuelos aéreos, confirmaron sus palabras.

Era otoño en el hemisferio norte, cuando Tamayo y Yuri Romanenko partieron del Centro de Preparación y Entrenamiento Yuri Gagarin, de la Ciudad Estelar, para abordar horas después la nave espacial Soyuz-38, el jueves 18 de septiembre de 1980.

Tamayo y Romanenko, experimentado cosmonauta, integraron la primera tripulación, y López Falcón con el también veterano Evgueni Jrunov, la segunda.

Allí, en la estepa de Kazajstán, la primera pareja recibió el visto bueno de la comisión estatal.

El vehículo, impulsado por un poderoso cohete, de tres etapas, despegó del Cosmodromo de Baikonur, estepa de Kazajstán, arrojando fuego a la noche, mejor dicho a la madrugada, pues en ese lugar 11 minutos del viernes ya habían transcurrido. En ese instante el reloj del gran carillón del Kremlin marcaba en Moscú, las 22:11, y la popular emisora Radio Reloj de La Habana daba las 3:11 de la tarde.

En circuito cerrado, los periodistas acreditados en el Centro de Dirección de Vuelos, próximo a Moscú, observamos el lanzamiento de la nave. Un número reducido estuvo en Baikonur, entre ellos Eddy Martin, de la TV, y Gilberto Caballero, de la redacción científica de Prensa Latina -ambos fallecidos–,Juan Marrero , entonces del diario cubano Granma y actual dirigente de la Unión de Periodistas de Cuba, Jacinto Granda, de Juventud Rebelde, Víctor Pérez Galdós, de la Agencia de Información Nacional y Rosendo Gutiérrez, de Verde Olivo. Varios fotógrafos y camarógrafos los acompañaban.

Sin embargo, la gran noticia del primer cubano y latinoamericano en el Cosmos solo fue desembargada cuando la Soyuz-38 se situó cómodamente en una órbita circunterrestre intermedia (máxima altura respecto a la Tierra 273 kilómetros, mínima 199 kilómetros, tiempo de circunvalación 88,9 minutos e inclinación orbital 51,6 grados). Algo así como cuando la azafata permite desabrocharse los cinturones a los pasajeros de un vuelo aéreo y se apaga la luz de alarma.

Esa noche no dormimos los cubanos que estábamos en Moscú y tampoco numerosos residentes latinoamericanos.

A partir de las 24:00 (hora de Moscú), las imágenes del lanzamiento, los rostros de los dos tripulantes y las biografías de ambos se difundieron por el mundo casi con la misma rapidez de la rotación orbital de la nave cósmica.

La televisión local transmitió una programación especial (co-producción con Cuba), difundida por el sistema Intervisión, mucho más larga que durante los seis vuelos conjuntos anteriores del Programa Intercosmos.

Por la diferencia horaria, en Cuba la noticia llegó al atardecer y las cámaras devolvieron a Moscú imágenes del pueblo cubano que festejaba el suceso.

Esta explosión de júbilo duró más allá de los ocho días del vuelo; paso a paso fueron seguidas las incidencias e, igualmente, alcanzó notable repercusión internacional, especialmente en Latinoamérica.

Antes de partir Tamayo dijo sentirse “profundamente orgulloso de representar a la gran tierra latinoamericana, como la llamó José Martí, que abarca desde el río Grande hasta la Patagonia”.

Arnaldo Tamayo Méndez

TRABAJOS EN COMPLEJO ORBITAL

La Saliut 6, estación orbital pilotada soviética, de segunda generación, fue colocada en órbita de satélite artificial de la Tierra el 29 de septiembre de 1977, mediante un potente cohete portador. La Unión Soviética la puso a disposición de los países socialistas que firmaron en abril de 1967 el Programa Intercosmos sobre la cooperación en el estudio y utilización del espacio con fines pacíficos.

El 19 de septiembre de 1980, a las 23:49, según el reloj electrónico de la sala principal del Centro de Dirección de Vuelos, se formó el complejo orbital Saliut 6- Soyuz-37-Soyuz-38.

La Estación realizaba su vuelta número 17 mil 128 cuando las dos tripulaciones comenzaron su trabajo conjunto a una distancia máxima de la Tierra de 356 kilómetros, mínima 345 kilómetros, tiempo de circunvalación 91,4 minutos e inclinación orbital 51,6 grados.

En los trabajos espaciales se utilizaba la hora oficial de Moscú. A bordo de la Saliut 6, la noche duraba aproximadamente 37 minutos y el día de 45 a 47 min.

Después de comprobada la hermeticidad del “amarre cósmico”, a las 02:52 las cámaras de televisión enfocaron al sonriente Tamayo cuando se introducía por la compuerta de paso y abrazaba a la tripulación principal (Dnieper) que habitaba la estación desde el 9 de abril de ese año. Los anfitriones Leonid Popov y Valeri Riumin dieron la bienvenida a los Taimir Tamayo y a su comandante Romanenko con el pan y la sal, según una costumbre eslava.

Las emociones se sucedieron a bordo y hasta las 05, 30 no se introdujeron todos en sus respectivos sacos de dormir. Tamayo fijó el suyo en una de las paredes de la Saliut 6, que él pensó se trataba del piso pues el fenómeno de la flotación a causa de la ingravidez confundió su percepción. Después de aclarado esto durante el vuelo siguió usando para su descanso el cómodo lugar escogido inicialmente.

Los días de trabajo en la Saliut 6 fueron distribuidos entre los experimentos e investigaciones médico-biológicas, geofísicas y tecnológicas. El 90 por ciento de la carga de la Soyuz 38, trasladada a la estación la noche de la llegada, consistió en materiales científicos.

A las 13,30 del 20 de septiembre, la tripulación internacional comenzó la jornada laboral que incluyó experimentos médico-biológicos para determinar el estado del sistema cardiovascular en el periodo de adaptación.

Ese día Tamayo anunció que vio a Cuba por primera vez desde el Cosmos. “No había nubosidad, todo fue maravilloso, el cielo estaba limpio y tenía un bonito color. Sobrevolamos La Habana y vimos nuestra hermosa Patria”.

Y al pasar sobre el continente americano “me llené de alegría -afirmó–, igual que cuando vi a Cuba”.

“Deseo también enviar a los pueblos latinoamericanos un caluroso y fraternal saludo desde la Estación Orbital”, expresó Tamayo. A las madres y mujeres de América Latina y de África ofreció su respeto y profundo sentimiento de amistad e invitó a los niños a ser buenos estudiantes y buenos revolucionarios.

En diversas comunicaciones con el Centro de Dirección de Vuelos, habló en ruso -su idioma de trabajo- pero cada vez lo hizo también en español, primera vez que se escuchaba la lengua de Cervantes desde el Cosmos.

Narró como su idea del espacio cósmico, anterior al vuelo, resultó un poco diferente a su contacto directo con la ingravidez, a pesar de haber recibido las nociones generales de cómo trabajar y cómo comportarse en ese estado, porque en la Tierra no es posible crear las condiciones reales de este fenómeno:

“…prácticamente todos los sistemas fisiológicos cambian y el hombre tiene que adaptarse a esas condiciones en un periodo de tiempo extremadamente corto y mantener la capacidad para el cumplimiento del trabajo científico”.

“Puedo decir -señaló el 23 de septiembre-, que ya estoy completamente adaptado, aunque en los dos o tres primeros días experimenté algunos cambios bruscos del estado en que nosotros vivimos al de ingravidez. Por ejemplo, se siente la cabeza cargada debido a la sangre que se acumula en la parte superior del cuerpo… después uno se adapta. El primer día yo no podía dar esta vuelta (realizó un giro corporal completo con la cabeza hacia abajo) y en la actualidad puedo hacerlo sin ningún problema…claro, eso se adquiere con la práctica y con el movimiento constante dentro de la estación”.

El 26 de septiembre de 1980, Cuba entró definitivamente en la historia de la cosmonáutica con el feliz regreso a tierra del cosmonauta Arnaldo Tamayo después de cumplir un amplio programa en la Saliut 6.

Esa mañana, Tamayo y Romanenko prepararon la Soyuz 38 con los materiales que debían llevar de regreso.

Al mediodía, los Dnieper despidieron a los Taimir y la compuerta de paso se cerró a las 12.25 (hora de Moscú). Juntos dieron otras tres vueltas orbitales y a las 15,38 la tripulación visitante partió; se fueron alejando lentamente del complejo Saliut 6- Soyuz 37.

Todo ocurrió como estaba previsto: A las 18, 04 fue conectado el motor de frenado; 18, 26 se separó el módulo de descenso del resto de la nave; 18,31 la esfera con los cosmonautas dentro, penetró en la atmósfera. Nueve minutos después se abrió el primer paracaídas y pasados otros 15 minutos, el módulo de descenso se posó suavemente a las 18,54 (hora de Moscú), a unos 175 kilómetros al sudeste de la ciudad de Dzhezkazgán, Kazajstán.

Tamayo y Romanenko completaron 128 órbitas circunterrestres.

El último día de septiembre de 1980, Tamayo Méndez volvió triunfante a la Ciudad Estelar, donde se entrenan y viven los cosmonautas, para depositar un ramo de flores ante la estatua de bronce de Yuri Gagarin, el primer hombre en viajar al Cosmos. Allí se preparó y vivió desde la primavera de 1978.

* Corresponsal de Prensa Latina en Moscú (1978-1981)

 

 

 

El primer cubano en el cosmos

Fue aprendiz de carpintero y trabajó en la construcción de caminos y en la repoblación forestal de la Sierra Maestra… A golpes de voluntad y tesón se convirtió en un excelente piloto de aviones a reacción… Ahora, gracias a la Revolución y a la fraterna ayuda de la Unión Soviética, Arnaldo Tamayo Méndez escribe una nueva página en su vida. Él es…

Arnaldo Tamayo MéndezEn una unidad Aérea de la capital, allá por marzo de 1978, un grupo de periodistas fuimos citados con el objetivo de participar en una conferencia de prensa. El reportero de BOHEMIA madrugó y a las siete en punto entraba por la puerta del salón principal; dos oficiales conversaban en voz baja y a ellos me dirigí.

—Por favor, compañeros, ¿están aquí los aspirantes a cosmonautas que van a participar en la conferencia de prensa?

Mis interlocutores se miraron embarazados. Titubearon antes de que el de tez más oscura me respondiera:

—Somos nosotros—. Y cuando terminó de decir esto, Arnaldo Tamayo Méndez me pareció la encarnación de la sencillez humana con su sonrisa franca y la mano extendida para el saludo. Después, ya en aquella primera conferencia confirmé las características humanas de quien es hoy el cosmonauta cubano: modestia, sencillez y un gran amor a la Revolución y su obra.

El tiempo pasaría y nos encontraríamos en otros momentos y lugares, la última vez en la Ciudad Estelar, dos meses antes de emprender vuelo la Soyuz—38. He aquí los apuntes que recogen las preguntas y las respuestas en todas esas ocasiones.

—Relátenos cómo fue el proceso de su selección para cosmonauta, Arnaldo.

—Luego de una primera selección en las Fuerzas Armadas, quedamos 80 compañeros con posibilidades. De ahí debían salir nueve para la segunda etapa hasta fines de 1977. En enero del siguiente año debían ir solo cuatro aspirantes a la Unión Soviética para pasar un chequeo médico. Integré ese grupo y los cuatro pasamos un riguroso chequeo, mucho más especializado que el realizado en el Hospital Mililtar Central Dr. Luis Díaz Soto algún tiempo antes; incluía pruebas diferentes a las que habitualmente se nos hacía en Cuba. Esas pruebas duraron un mes y terminadas las mismas regresamos a Cuba. El resultado final fue la selección de dos aspirantes a cosmonautas: el capitán José Arnaldo López Falcón y quien les habla. Nuestra preparación comenzó oficialmente el 23 de marzo de 1978.

—¿Cómo se sintió por su designación?

Arnaldo Tamayo con su esposa Mayra
Mayra se despide de Tamayo en la Ciudad Estelar

—Integrar un grupo de aspirantes a cosmonautas constituye una aspiración muy grande de cualquier piloto. Fue un momento emocionante cuando el jefe de la DAAFAR, en la reunión de precandidatos dio a conocer que José Armando y yo pasaríamos esa honrosa prueba.

—Ahora cuéntame cómo transcurrió su niñez

—Soy natural de Guantánamo…Mis primeros estudios los realicé en una escuelita pública. Estudié hasta octavo grado y cuando tenía 12 ó 13 años combinaba el estudio con el trabajo en una carpintería en la cual me puso mi padre como aprendiz. Eso fue a finales del 59.

—¿Y después?

—Terminé el octavo grado y no pude continuar, pues se había acabado la matrícula para la Escuela de Comercio. En esa época no tenía definida mi vocación; me integré entonces a la

Asociación de Jóvenes Rebeldes

.”Estuve en la primera brigada de la AJR que fue a la Sierra Maestra; allí escalé los “cinco picos” y trabajé también en la repoblación forestal de Pinares de Mayarí en la construcción de caminos y viviendas para los campesinos de la zona… en fin, me integré al trabajo revolucionario desde entonces, cuando tenía 18 años.”

—¿Cuál fue su primer contacto con la aviación?

—Precisamente en la época a la cual me estoy refiriendo llegaron unas convocatorias donde se pedía que estudiáramos carreras técnicas de aviación o diplomacia. Escogí la primera y así me vinculé a la aviación.

—Usted se ha referido a estudios técnicos de aviación… no al estudio como piloto. ¿Cuándo ocurrió su vinculación definitiva con su actual profesión?

—Efectivamente, como usted dice, en la Escuela del Ejército Rebelde en que yo estaba, las carreras que se estudiaban eran más bien técnicas, pero un día llegó una convocatoria especial para completar un grupo que iría a estudiar aviación en la Unión Soviética. Así fue como me vinculé a mi actual profesión en mayo de 1961. Estaba en esos momentos recogiendo hortalizas en Pinar del Río y regresé de inmediato a La Habana.

Arnaldo Tamayo junto a Raúl Castro y otros compañeros
Junto al general de ejército Raúl Castro, el teniente coronel Arnaldo Tamayo Méndez y otros compañeros. La foto se hizo en la Base Aérea de Santa Clara

—Un mes después que Yuri Gagarin realizara su histórico vuelo. Curiosa coincidencia, compañero Tamayo. Ahora díganos, ¿cuánto tiempo duró el curso que usted siguió en la Unión Soviética?

—Un año exacto, de mayo del 61 a mayo del 62. Fue allí en la Unión Soviética que volé mis primeros aparatos reactivos.

—¿Qué recuerdos guarda de aquella estancia en el país de los soviets?

—Recuerdo a su noble pueblo, deseoso de ayudarnos en todo momento; esa fue mi primera impresión de la Unión Soviética. Después he vivido más tiempo y siempre he encontrado el mismo cariño hacia Cuba y los cubanos.

—Ya que tocamos el tema, refiérase a sus relaciones de trabajo con los compañeros soviéticos.

—La ayuda que nos ha prestado el personal soviético durante nuestro entrenamiento lo califico de fundamental. Sin esa ayuda no habríamos podido lograr, ni José Armando ni yo el grado de preparación alcanzado. Los profesores nuestros no han escatimado tiempo, ni horas, de día o de noche, siempre dispuestos a prestarnos la ayuda solicitada.

—Arnaldo ¿cómo se desenvuelve un día normal de trabajo suyo en la Ciudad Estelar?

—Nuestras actividades comienzan en la mañana. Hay que hacer lo que se llama gimnasia matutina dirigida por un profesor: carreras, ejercicios de calentamiento. Posteriormente, el desayuno y a partir de las 9 como ya dije hasta la 1:30 aproximadamente: almuerzo, descanso una hora. Y después la sección de la tarde que dura hasta las seis. En una primera etapa nuestro entrenamiento fue teórico para que tuviéramos una noción general de lo que es una nave cósmica, cómo son los sistemas de a bordo; cómo se desarrolla un acoplamiento. En fin… en todo este tiempo se me mantuvo un chequeo periódico. Debo decirle que en ocasiones el tiempo de la noche, planificado para el descanso, lo planificábamos José Armando y yo en estudiar.

—¿Usted ha viajado a otro país además de la Unión Soviética?

—Sí, a Viet Nam.

—¿Cuándo y en qué circunstancias?

Arnaldo Tamayo junto a su esposa e hijos
En el cumpleaños de sus hijos

—En el año 67, durante la agresión norteamericana a República Democrática de Viet Nam y la guerra de intervención en el sur, tuve la oportunidad de ser seleccionado para integrar una delegación militar de nuestras Fuerzas Armadas Revolucionarias que visitó este país en marzo del 67. Teníamos como finalidad intercambiar nuestras modestas experiencias con los militares vietnamitas en la dirección y en el desarrollo de la táctica de guerra en la lucha contra la aviación enemiga, contra la aviación norteamericana. En realidad fuimos nosotros quienes recogimos más experiencia de los hermanos vietnamitas. Para quienes compusimos ese grupo de pilotos cubanos, aquella fue una experiencia muy grande, una gran ayuda en nuestra formación como militares.

—¿Alguna anécdota, compañero Tamayo?

—Podría mencionar una que me impactó. Me encontraba en una unidad de artillería vietnamita en los alrededores del puerto de Haiphong y nos sorprendió un bombardeo de la aviación yanqui, en este caso de la marina norteamericana. Hubo considerables daños a la técnica y, en particular, en un radar. Los compañeros que lo atendían pidieron urgente un paño de tela muy suave para poder limpiar rápidamente la técnica y ponerla nuevamente en funciones. Una muchacha allí presente no vaciló en romper su blusa para darles el pedazo de tela necesario. Y como ese, numerosos fueron los ejemplos de estoicismo y desprendimiento personal que vi en los vietnamitas.

—Ya que se ha referido a las mujeres, Tamayo, quisiera nos contara algo de su esposa Mayra Lobaina.

—Soy casado desde el 67 y tengo dos hijos: Arnaldo y Orlando, que se llevan 18 meses. Respecto a Mayra le diré que realmente he recibido una gran ayuda suya tanto en el trabajo como piloto de nuestra Fuerza Aérea como ahora que me encomendaron la tarea de prepararme para vuelos cósmicos Yo creo que ha sido una de las personas que más ha contribuido a mi preparación. Porque, es verdad que los médicos nos chequean constantemente, pero a la hora del descanso ellos nada pueden hacer si uno se pone a estudiar fuera de las horas establecidas, violando el horario de descanso. Y cuando llega el final del entrenamiento no vale uno nada. Mi esposa ha velado constantemente por ese problema, por mi preparación y por mi descanso.

—Toquemos ahora el punto relacionado con las edades de los cosmonautas. En su opinión, ¿cuál es la mejor edad para tan difícil profesión?

Arnaldo Tamayo y Raúl Castro Ruz—Yuri Gagarin tenia cuando voló si mal no recuerdo, unos 28 ó 29 años; era muy joven: en cambio, e! coronel Bikovski, que voló con Sigmund Jahn, de la RDA, tiene una preparación de 18 años pues estaba en el primer destacamento de cosmonautas, su experiencia y preparación resultan elevadas. Otros cosmonautas son jóvenes; hay de todo en edades, pero si analizamos las mismas, prevalecen las edades medias, esto tiene su fundamento. En primer lugar el hombre joven es dinámico, es explosivo, pero científicamente le falta experiencia. La experiencia de la vida, una experiencia profesional. Hay otra edad del hombre que abarca de los 35 a los 45 en que tiene un poquito menos de esa característica explosiva pero se combina con la experiencia: se conjuga la experiencia con esa explosividad de juventud que no es la de los 25 ó la de los 28. Está la otra edad: los 45. A partir de entonces merman las capacidades mentales y físicas pero, en cambio, su experiencia es mucho mayor. Pero no se piense que las posibilidades de ser cosmonauta desaparecen después de la “media rueda”. En el Centro de Preparación hay compañeros con 60 años y que están en actividad constante y preparándose para vuelos perspectivos.

—Le sugiero pasar al capítulo de la alimentación en el cosmos. ¿Qué comidas seleccionó en un principio? Digo en un principio porque sé que puede haber modificaciones por razones tecnológicas.

—Primeramente dieron una visión general del balance calórico que se requiere en un vuelo cósmico. A partir de esos conocimientos y nuestros gustos particulares se confeccionó el menú.

—¿Cuál exactamente?

—Para el desayuno escogí café con leche, pan, carne y queso; para el almuerzo, en el primer plato una sopa rusa muy condimentada, para el segundo plato puré con carne, pan y como postre un dulce. Claro está, todos estos alimentos son preparados de acuerdo con una tecnología llamada “sublimación” que consiste en deshidratar el producto, reducir sus dimensiones, pero sin alterar su composición o sabor. Solo hay que añadirle agua.

—Hay otro cubano, que, en estos últimos dos años y medio ha compartido su entrenamiento, me refiero al capitán José Armando López Falcón. Díganos su opinión acerca de él.

—A José Armando lo conozco desde hace mucho tiempo, porque estuvimos juntos en la misma unidad de la Fuerza Aérea allá en Cuba. Es un compañero jovial, revolucionario, inteligente y hemos logrado crear un grupo de trabajo muy sólido, donde no prima el individualismo. Se ha creado una relación de amistad y compañerismo entre José Armando y yo tan fuerte que uno no deja que el otro cometa errores y la ayuda es constante. Fíjese que cuando inicié los estudios aquí en la URSS yo tenía dificultades con el idioma y José Armando venía todas las noches a mi apartamento para repasarme.

—¿Qué hay respecto a su tiempo libre en todo este período anterior al vuelo?

—El tiempo ha sido bastante reducido, muy reducido. Yo lo aproveché leyendo mucha literatura rusa y soviética en la lengua original con la finalidad de practicar el idioma. Y cuando hubo cualquier posibilidad, bueno pues alguna fiesta, digamos, fuimos mi esposa y yo y hasta he echado mi “pasillito”. También paseamos por Moscú, pero no mucho por el tiempo tan limitado.

—Arnaldo, usted concluirá su vuelo y regresará a la patria que le espera con orgullo. ¿Cómo imagina su encuentro con los guantanameros en particular?

—Será emocionante. No lo he experimentado todavía pero deben vivirse momentos bastante fuertes… sobre todo en los lugares donde uno creció… guardo profundos recuerdos de mi ciudad natal.

—Hemos hablado de Cuba y de Guantánamo en particular, pero usted sería no solo el primer cosmonauta cubano sino el primero de Latinoamérica. ¿Qué piensa al respecto?

Arnaldo Tamayo y Ruri V. Romanenko
Con su compañero de vuelo, Yuri V. Romanenko

—Mi vuelo al Cosmos sería no solo un logro de nuestra Revolución, de nuestro pueblo. Creo que cabe enmarcar este éxito, este gran acontecimiento en un marco más amplio: nuestro continente. Cuba, hace 21 años tenía las mismas características de muchos pueblos latinoamericanos y no podía, por supuesto, soñar con una empresa semejante a los vuelos cósmicos. Nuestro sistema social demuestra cuál es el camino… solo con una colaboración fraternal como la que nosotros llevamos a cabo con el resto del campo socialista y en especial con la Unión Soviética, es posible realizar la hazaña cósmica. Creo que este será un éxito no solo de Cuba sino de los pueblos de Latinoamérica.

 

—Una última pregunta, Tamayo. ¿Qué significó para usted, hijo humilde de nuestro pueblo trabajador, el triunfo de la Revolución?

—Con el triunfo de la Revolución se me abrieron los caminos. A ella me debo, de ella soy hijo. Para mi familia y para mí en participar fue, si se quiere, el dejar las cadenas y despegar de un vieja sociedad que nos tenía atados.

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Responses

  1. Me agradó mucho la noticia sobre el vuelo de Tamayo,me trajo muchos recuerdos,tenia 11 años cuando ocurrio ese gran suceso,fui uno de los pioneros seleccionados de mi escuele para conjuntamente con otros compañeritos dar el recibimiento a tamayo y romanenko en el aeropuerto de guantanamo,hoy tengo 42 años y recuerdo ese momento como si fuese en este momento,la gente en la calle,la espera en el aeropuerto en fin todo .


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