Posteado por: mariana50 | julio 10, 2010

Fidel sacude la mata


Fidel sacude la mata

Juan Marrero

Siempre me pregunté dónde y cuando nació la expresión “Fidel sacude la mata”. Investigando para poder escribir esta sección sobre lo que aconteció en el primer año de la Revolución cubana pude establecer que el 21 de junio, en un discurso en la ciudad de Baracoa, Fidel Castro la empleó. Entonces dijo: “La mata habría que sacudirla por arriba y por abajo también. ¡Sacudirla!”  ¿Se utilizó antes? ¿Quizás? Poco más de un mes había transcurrido de la firma de la Ley de Reforma Agraria que, como sabemos, sacó a flote que había gente que pasaba como simpatizante o militante de la Revolución y, en realidad, no lo eran. En esos tiempos hubo muchos arribistas y oportunistas, y algunos tenían cargos importantes. 

Ahora bien, de lo que no tengo la menor duda es que el periodista José Pardo Llada, quien tenía en la Cadena Oriental de Radio el periódico La Palabra, un espacio que se transmitía diariamente a la 1 de la tarde y concluía con un vibrante editorial, escrito y leído por él, hizo muy popular la frase en el mes de octubre, a raíz de la traición de Huber Matos, entonces al frente del Ejército en la provincia de Camagüey. Durante muchos días, Pardo Llada, con su irrepetible voz de timbre poderoso y que arrastraba la r, repitió esa frase de “Fidel sacude la mata”. Cada vez que algún traidorzuelo asomaba su rostro, el pueblo usaba tal expresión. 

“El Gobierno Revolucionario y Fidel Castro han pasado otra prueba. Una prueba difícil. Una prueba más en el camino erizado de obstáculos. 

“En patético discurso que siguieron con emoción, 50 000 camagüeyanos congregados en el cuartel Ignacio Agramante, y junto a ellos, escuchando la transmisión extraordinaria de Cadena Oriental de Radio y su periódico La Palabra, millones de compatriotas de todas las provincias, Fidel desmoronó implacablemente otra conjura. Una conjura más peligrosa quizás que la de Urrutia, porque salió del propio corazón de la Revolución que es el Ejército Rebelde.  

“Fidel Castro, con el apoyo del pueblo, que siguió a pie y sin armas desde el aeropuerto hasta el campamento militar, en impresionante invasión de coraje revolucionario, puso al descubierto la desventurada maquinación de un oficial joven, de un comandante que había ganado prestigio en la guerra y que a pesar de su capacidad se dejó confundir y arrastrar por los personalismos, la vanidad, la soberbia y el endiosamiento, hasta colocarse en situación de sucia peligrosidad para la Revolución por la que un día peleó para después negarla fatalmente. 

“El caso del comandante Huber Matos es la repetición, casi gemela, del caso de Díaz Lanz y del proceso Urrutia. Los tres cumplieron un rol en la lucha insurreccional…Cada uno en su turno, fue incapaz de comprender la magnitud de la tarea revolucionaria de Fidel Castro. Creyeron que la Revolución había comenzado el 26 de Julio de 1953 y había terminado el Primero de Enero de 1959. La verdadera Revolución –lo que ellos no entendían—comenzó precisamente el Primero de Enero, y se reafirmaría definitivamente el 17 de mayo de 1959, con la firma en el histórico campamento de La Plata, de la Ley de Reforma Agraria. 

“Urrutia, Díaz Lanz y Huber Matos creyeron que todo era simplemente un cambio de gobierno. Los tres procedían de la clase media. Tuvieron la suerte de desarrollarse en educación, preparación técnica y universitaria. Uno se hizo juez, el otro piloto y el tercero pedagogo. Los tres se sobrecogieron por los mismos temores. Se afiliaron a la tesis del determinismo geográfico. Los tres sucumbieron al mismo convite que se repite en cada deserción: el anticomunismo. Los tres repitieron con deplorable falta de originalidad e imaginación, el mismo cliché. Como no tenían tesis ni saben a ciencia cierta lo que es comunismo o anticomunismo, acuden a los nombres, personalizan y tachan de “comunistas” a Raúl Castro, Che Guevara y Núñez Jiménez. 

“¿Es que son comunistas los 50 000 camagüeyanos que se congregaron junto a Fidel Castro en el regimiento Agramante”, ¿eran comunistas los cientos de miles de campesinos que inundaron La Habana el pasado 26 de Julio?, ¿son comunistas los que aplauden a Fidel Castro por dondequiera que este aparezca? 

“¿Por qué los tres se declaran anticomunistas? Porque por esa brecha es por donde puede venir el empujoncito de los grandes intereses financieros norteamericanos. Porque por esa brecha está el ejemplo de Castillo Armas en Guatemala. Porque por esa brecha garantizan toda la propaganda de las agencias cablegráficas y los grandes consorcios periodísticos. 

“Como no es decente, ni elegante, ni prudente declararse así mismo contrarrevolucionario, apelan al expediente fácil del anticomunismo. 

“Es mucho más fácil repetir el disco rayado “made in USA” de la AP, la UPI, Life, Time, la SIP, Jules Dubois y Gainza Paz. 

“Urrutia, tan anticomunista y tan apasionado defensor de la libertad privada, lo primero que hizo fue comprarse una residencia de 37 000 pesos en el Country Club con sus “primeros ahorros” como Presidente de la República. 

“Sobre Huber, Fidel Castro dijo: “A este traidor lo primero que le llamaría es “ingrato”. Porque no supo pagar con lealtad las simpatías espontáneas y los aplausos gratuitos que le daba el pueblo de Camagüey. Hombres puede haber traidores, pero no pueblos. 

“En Camagüey se ganó una batalla sin derramar una sola gota de sangre. La Batalla contra la traición. Los graves acontecimientos de Camagüey no pudieron sembrar la inquietud, el temor y la zozobra que hicieran fracasar en La Habana la Convención del ASTA que se convirtió en una realidad de recuperación turística para Cuba. Un avión asesino, tripulado por un traidor enloquecido, tiró proclamas y después metralla sobre la población. Veinte minutos duró aquello. Lo vio todo el pueblo…lo vieron los miles de convencionistas del ASTA y lo debe haber visto el propio embajador de Estados Unidos en La Habana. ¿Cómo calificar ese crimen? Asco, indignación, vergüenza y odio. ¡Qué difícil es llegar a ser libres de veras. No libres por la banderita y el himno, sino libres de la tutela extranjera, libres del control de los monopolios norteamericanos”. 

Así pensaba, escribía y hablaba Pardo Llada en 1959 y 1960.  

Días antes de Playa Girón decidió abandonar a Cuba y a la Revolución. Él mismo sacudió la mata y el gajo del que se sostenía fue al suelo. Se radicó en Colombia y allá logró ser electo congresista y, después, embajador en República Dominicana. Estuvo en Cuba a finales del pasado siglo, en medio del Período Especial. Falleció el 7 de agosto del presente año en Cali, Colombia.

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