Posteado por: mariana50 | julio 5, 2010

Fandanguillo: luchó por España, noqueó en Girón

Fandanguillo: luchó por España, noqueó en Girón

4 Julio 2010 CUBADEBATE

Por Víctor Joaquín

Isidro Díaz Gener, boxeador cubano que combate en defensa de la República Española. Foto de archivo
Isidro Díaz Gener, boxeador cubano que combate en defensa de la República Española. Foto de archivo

 

La situación suena duro a la gente de abajo. Uno de los muchos sonados cual bongó es este negrito de algo más de 14 años nacido en Sagua la Grande el 8 de enero de 1914: Isidro Díaz Gener. La familia busca salir de la miseria en la capital. La miseria mantiene las carcajadas.

El muchacho le dice adiós a las clases de historia y de aritmética. Debe hacer su propia historia, aunque sea pequeña, para ayudar en la casa. Usa los números, sobre todo, para saber cuánto saca de las melcochas, chambelonas, matahambres y panetelas colocadas en su tablero para provocar el deseo de quienes eran sus condiscípulos, ahora clientes, o cuánto ha ganado por el calzado que limpia y los periódicos que pregona hasta enronquecer la voz.

Fuerte y corajudo, ha tenido que intercambiar golpes en la calle para defenderse de algunos individuos: pensaban abusar  y salieron amoratados. Le aconsejan utilizar sus dones para noquear la mala situación. Lo escucha: poco tiempo en el ring amateur y a cobrar por los piñazos.

De La Habana se lanza a probar $uerte en cuadriláteros de Argentina, Portugal y Francia. No es un as: más valiente y resistente que técnico, punch  del montón, algo felino en su esquiva, rapidez normal de manos y de piernas, y, eso sí,  rayo  sobre el contrario, sin dar ni pedir cuartel.

Welter conocido entre las cuerdas como Isidro Delgado, va tirando: sabe que para él no habrá títulos mundiales en este ámbito al que llegó para usarlo como tabla de salvación y no por apasionamiento. Ah, en Barcelona sí es noqueado…por el amor: se casa y fija residencia.

En la tierra hispana, la propia vida le demuestra que el mundo no se limita a las contiendas boxísticas. La sublevación traidora lo lacera y le levanta lo mejor de sus orígenes. En lo personal, enorme es la herida: pierde a su “gallega” en un bombardeo. Sin soslayar el dolor, al contrario, teniéndolo como impulso, está entre los defensores de la República. Recolecta dinero para el frente con varias peleas, torea en Barcelona, Madrid, Valencia… baila fandango Y obtiene otro sobrenombre: Fandanguillo.

Con el Quinto Regimiento combate en Alcañiz, Montalbán, Martín del Río, Belchite, Teruel…Ascendido por sus acciones a teniente de una sección de ametralladoras. Al frente de sus hombres en la columna Luis Companys. Batalla del Ebro. ¡Camaradas, le han dado al boxeador….! Muchos años más tarde, Díaz Gener recordaba aquellos instantes: “Me salvaron la vida, aunque como resultado de la lesión en la pierna, mi carrera deportiva terminó”

Mas estamos en la contienda del pueblo español contra los fascistas. Aquella fue lesionada duro: demasiados errores, dogmatismo, deslealtad, ingenuidades incluso. Retirada de los voluntarios internacionalistas. Hacia Francia. Traición. Isidro sufre los rigores del campo de concentración de  Argelés-sur-Mer; lo trasladan al de Gurs.  Trato y alimentación terribles. Ninguna atención  médica.  Gusanos en su herida. La muerte puede atraparlo desde esa infección. Gracias a la solidaridad, él y centenares de sus compañeros retornan a sus hogares en mayo de 1939.

En la patria las garras de los reaccionarios amenazan a Isidro. Persecución, vigilancia, no encuentra trabajo. Al fin,  un puesto humilde en el Departamento de Giro Postal de la Intendencia General de la República.

Golpe del 10 de marzo de 1952. Como protesta, renuncia a su empleo. Gesto romántico que no resuelve los problemas patrios, pero muestra  la honestidad, el alma del ex atleta.  Sostiene una posición  antibatistiana, apoya acciones de la oposición, le crece la esperanza. Cuando esta deviene victoria-su victoria-, entre los fundadores de las milicias. Tiene el honor- y lo siente privilegio- de participar en las operaciones contra los invasores de Playa Girón. “Ahora sí que no pasarán, me dije. Y no pasaron”. Integra la Policía Nacional Revolucionaria y, con posterioridad, es masajista en el Instituto Técnico Militar. Jubilado, termina sus días en Sagua la Grande. A Isidro Díaz Gener no lo podemos dejar morir. Su pequeña gran historia merece ganar el corazón de sus coterráneos.

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