Posteado por: mariana50 | febrero 25, 2010

La mafia en Cuba. VI Parte

La mafia en Cuba

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

Con no pocas horas acumuladas en libros y películas en lo que respecta al tema de la mafia, al terminar de leer de un tirón las 512 páginas de Otro jinete apocalíptico (William Gálvez Rodríguez, Ediciones Unión 2004) subrayé la convicción de que para saber lo que fue aquella presencia tenebrosa en nuestro país, resulta imprescindible este título, tan rico en investigaciones históricas como seductor en su lectura.

Gálvez emprendió la tarea de componer “una historia novelada sobre la mafia de Estados Unidos en Cuba”, como reza igualmente un subtítulo en la portada del libro, y para ello se basó en numerosos testimonios de personas vivientes, una amplia bibliografía en lo relativo a la vida en los Estados Unidos de los mafiosos vinculados a Cuba, documentos sacados a la luz por primera vez y pesquisas llevadas a cabo por él mismo.

Desde los primeros días de la llamada Ley Seca, en los años veinte, con un Al Capone batiéndose a tiros en aguas del Caribe frente a otros matones que pretendían robarle un cargamento de alcoholes fabricados en la ronera de Santa Cruz, hasta un Meyer Lansky saliendo para siempre de una Habana, que en 1959 había dejado de ser la suya; Otro jinete apocalíptico es no solo una contundente revisión histórica de aquellos pandilleros tanta veces “trabajados” en el cine y en la literatura mediante una óptica romántica, sino también un despliegue de evidencias con la principal de ellas ganando las dimensiones de un sol: el vínculo que siempre existió entre la mafia norteamericana y los gobiernos prendidos a la piñata de enriquecimiento ilícito que para ellos constituyó nuestro país.

Un lazo en el que de ninguna manera podían quedar fuera la política de entrometimiento regenteada por la embajada norteamericana, conjuntamente con uno de sus brazos ejecutores, la CIA. Y como ejemplo de primera línea pudiera citarse el hecho de que fue el mismísimo Meyer Lansky, zar de los casinos en Cuba, uno de los hombres enviados por “el Norte” a entrevistarse en diciembre de 1958 con su amigo, el dictador Fulgencio Batista, para transmitirle que ya “la cosa” se había puesto demasiado mala y era hora de acabar de maniobrar para que los rebeldes no se alzaran con el poder.

Lucky Luciano, Anastasia, Costello, pero también los presidentes Machado, Grau, Prío, Batista (el gran ambicioso), y junto con ellos, ministros, gobernadores, alcaldes, “respetabilísimas” figuras públicas y financieras, aunadas todas en aquella barahúnda mafiosa empeñada en convertir a Cuba en un garito mundial, con Meyer Lansky como director de orquesta y dispuesto a arrancarle el tiro de los pantalones a cualquier socio de la vieja “cuatro esquinas” de Nueva York, que osara meter la narices en su gran juego cubano.

Y también a darle un escarmiento a los colaboradores del patio que no entraran por el aro, como cuando el político Martínez Sáenz le escamoteó a la mafia 25 mil dólares allá en los años cuarenta y llamado a capítulo para que devolviera lo que no era suyo, se negó a pagar y entonces le prepararon un atentado, no a él, sino a su hijo de 16 años, muerto de un fogonazo de escopeta con cañón recortado, un pasaje que Gálvez narra con pleno dominio en los terrenos del suspenso.

Debe estar preparado el lector para encontrarse con revelaciones no solo de primera mano, sino recreadas mediante recursos de la ficción, como la paliza que recibiera el feroz Vito Genovese por parte de Luciano y Anastasia en el Hotel Nacional y de la que se desprendiera una sangrienta lucha de años entre bandas rivales. Todo ello en medio de otras historias en que salen a la luz los trasfondos sociales de la época y no pocos detalles relacionados con la vida íntima de los mafiosos

Moviéndose esta vez entre la realidad y la ficción y no obstante percibirse la falta de un mejor trabajo de edición, deseable para próximas tiradas de un libro que tendrá sin duda una amplia demanda, con Otro jinete apocalíptico William Gálvez se anota un punto alto en su obra.

Ardua tarea la de seguirle la pista a la mafia norteamericana en Cuba a lo largo de tantos años y escribir un libro que no sea “otro más”. Y junto con ello, clasificar en la siempre anhelada categoría de los que “agarran y no sueltan”.

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