Posteado por: mariana50 | noviembre 13, 2010

MIS AÑOS 50´ en Cuba

Friday, November 12, 2010

(LAS GRÁFICAS SON ACRÍLICOS DE MI HERMANA SUSANA)

En Miami, ciudad pacotillera, se pasan la vida reviviendo a Cuba, la del pasado.
Ahora les dio por darle respiración artificial a La Habana de los 50 en carros de la época. El Herald lo anuncia y todo. Una exposición en Hialeah, con todos los yerros americanos que rodaban por Malecón y Prado.
Como evento cultural pasa, pero es que siempre lo politizan. Y alguien exclama: “¡Miren lo que nos fastidió Castro!”.
Es tonto tratar de politizar lo urbano y no lo bucólico (porque no pueden, es muy evidente y crudo, creo… y allí fue donde Castro se apuntó el tanto).
Realzan el Cadillac 58, el hotel vistoso, el garito de juego, el manengue en guayabera, la vieja emperifollada con su perrito pequinés, la puta tetona y el marino yanqui y no veo un cuadro, una foto del desalojo, el tiempo muerto, el niño barrigón de lombrices, el piso e tierra, la leña, la patada en er culo del teniente rural Arencibia, el analfabeto, el beto del analfa y el cadáver putrefacto en la guardarraya el lunes al amanecer de Dios.
Yo recuerdo, a ver, que mi padre tenía un Chevrolet 55. Azul y blanco. Nunca se me olvida. Yo jugaba con la palanca de los cambios en el asiento. Pero recuerdo también (porque no olvido y tengo memoria) que se lo fregaba un negrito cabeza puntilla y se lo parqueba un guajirito ojiverde. El fregador recibía (tirada al aire) una peseta y el parqueador un medio (o una Coca-Cola era el intercambio a veces).
Recuerdo al fregador (no supe su nombre hasta agosto pasado), después de su jornada de lavado de carros sentado en los bordes el parque, echándose una galletica de soda con una lasquita de jamón finita como una telita de cebolla. Y bebiéndose un juguito Lybbi de tomate.
El parqueador era Carlos el Mulo, un guajirito que además le llevaba los enseres a mi padre cuando iba con dos o tres amigos de pesca submarina cada fin de semana a La Boca, una playa de Trinidad cerca de Casilda y El Ancón. Mi padre tenía 3 barcos para salir a pescar, anclados en la desembocadura del río; una barcaza grande con vivero de peces en el centro llamada Coconuto; un yatecito barnizado con camarote y cristales calovares llamado Susana (como mi hermana) y una lancha rápida abierta chiquita pintada de azul llamada Pepito (como yo). Carlos el Mulo era quien le lavaba esos tres barcos una vez que regresaba mi padre con sus amigos de su paseo marítimo (y sus esposas en el yate Susana) y su pesquería de domingo en el vivero del Coconuto con aguajíes, serruchos, chernas, pargos y cuberas. Y el guajirito, que cuando aquello tenía 14 años, era también el que escamaba los pescados, los limpiaba y los lasqueaba, y recibía como pago un plato de arroz amarillo con pescao, una Hatuey bien fría y una caja de H-Upman.
El guajirito Carlos era hijo de un isleño fuerte (de Canarias) carretonero que recogía sancocho para sus puercos, los que vendía en la plaza del mercado. Su madre, una vieja bonitaojiazul, lavaba para todas las ricas del barrio, mi madre incluída, en la calle Cadenas del reparto del Acueducto.
Recuerdo además que mi padre comía a diario un filete con arroz blanco y plátano maduro frito con un vaso de leche (mi padre era abstemio, nunca le dio al alcohol). Y cuando a veces llegaba Carlos y en casa lo invitaban a comer al mediodía, decía que no, que se acaba de jamar una rubia con ojos verdes (yo creía que tras estar con una rubia uno no podía comer pero luego supe que él hablaba de un plato de harina de maíz con aguacates).
Carlos el Mulo, cuando regresé a Cuba en agosto pasado despues de 30 años, se apareció en casa con dos guanajos y ahora es cuentapropista, matador de puercos y vendedor de carne en la plaza del mercado de Sancti-Spíritus que está en el mismo lugar que en los años 50. Me confesó – llorando y borracho – que el primer reloj de pulsera que tuvo fue el día que yo nací, el 27 de noviembre de 1955, que mi padre se lo regaló. Le pregunté por el negrito fregador de carros. Se llama Aníbal, le decían Buche Aura y es ahora coronel del ejército que vive en Caracas porque está colaborando con el gobierno de Venezuela.
La verdadera Cuba de los 50 es ésa, la de Fidel Castro en la Sierra Maestra y esta gente probre luchando por su vida, nobles y buenazos… sencillos y llanos.
Miami quedó para los comemierdas que quieren caerle atrás a esa Cuba… y para los que en los años 50 disfrutaban de verdad su Cuba y la quieren seguir en sopor de sueños reinventándola, recreándola, retrotrayendo una farsa de por sí costosa y dañina, una imitación de escenario vacuo y frágil, pictórico de vodevil y opereta… para vivir esa pantomima hasta su muerte.
Que les vaya bien. No los culpo.
Yo, estoy de parte de Carlos el Mulo y Aníbal Buche Aura.
Les cogí cariño, vamos. Me identifiqué más con ellos. No me culpen.

Posted by varela blog
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Responses

  1. No entiendo qué hace en Miami, recibiendo golpizas por tratar de abusar de una mujer!!!!!!!!!! Debió haber seguido el ejemplo del padre, que al menos, era abstemio. Quizás salió de Cuba bajo el sopor de una botellita de Chispa e’ Tren y no ha encontrado el camino de regreso.
    Este personaje triste, oscuro y traidor hasta consigo mismo, es de los tantos que llegó al exilio y después de batallar un poco, se dió cuenta que era mejor seguir viviendo en Cuba sin trabajar, pero ganando un salario. Pintó miles de caricaturas en el periódico que ahora critica (aparte de asaltarlo con pistolitas de agua que casi le cuesta la vida) sobre los Castros y el régimen que ahora trata de defender.
    El no vino siendo un niño, ni lo trajeron atado en una balsa, estas historias del negrito y el guajirito, que aquí cuenta, él ya las sabía en Cuba. Hoy lo usan quienes lo “expulsaron” de su patria, pero también lo odian. Pobre personaje!!!!!!!

    • Tengo gran respeto por Varela, y lo admiro.
      Saludos,
      Mariana

  2. Cuando Varela lea tu respuesta a mi comentario su ego mal administrado lo impulsará a coger una balsa de regreso, y ojalá sea así, aunque lo dudo, porque lo prefieren vomitando su veneno allende el mar.


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